Evangelio 2022

9 julio, 2022 – Espiritualidad digital

El mejor traje de samaritano

«Cariño, trátame como si fuera un enfermo de ese hospital que visitas. Porque he visto cómo te deshaces de ternura con ellos, cómo les hablas, con qué cariño te interesas por todo lo suyo… Y luego, cuando entras en casa, ni me diriges la palabra. ¿Tengo que enfermar de peritonitis para que te fijes en mí?».

¿Y quién es mi prójimo? Jesús responde con el relato del hombre que cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Y muchos, al oírlo, se visten de samaritano y salen de casa en busca de enfermos, pobres y desahuciados. Bien está. Pero deja de estar tan bien cuando esos mismos olvidan que su prójimo está en casa.

Mira a tu marido, a tu mujer, a tus hijos. ¿Conoces sus dolores? ¿O piensas que, porque no te los cuentan, eso significa que no sufren? ¿Les has preguntado? Fácilmente los juzgas cuando te hieren, pero nunca piensas que no te herirían si no estuvieran heridos ellos. ¿Por qué no te ocupas primero de los heridos que tienes en casa, antes de buscar a los de lejos?

El mejor traje de samaritano es el pijama.

(TOC15)

Palabras de Cristo que no se cumplieron

Antes de que se celebrasen misas por todo el mundo, hubo un sábado en el que las palabras del evangelio de hoy resonaron una y otra vez en la cabeza de un hombre roto por el dolor:

Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

Aquel hombre era Simón Pedro. La noche anterior había negado por tres veces a Jesús. Y aquellas palabras, con las que el Maestro se dirigió un día a los apóstoles, se clavaban en su pensamiento como puñales de fuego. Simón sabía que el pecado no es ninguna broma. Sabía que merecía ser negado ante Dios por el propio Jesús. Y sufría porque, sin Cristo, su vida no tenía sentido.

Pero quien conoció, y no negó, la gravedad de su pecado llegó a conocer también, poco después, la maravilla del perdón, de ese mismo perdón del que Judas se privó al huir de la misericordia y arrojarse en brazos de la muerte.

Jesús perdonó a Pedro, no lo negó ante su Padre. Y lo nombró pontífice de su Iglesia. Bendito arrepentimiento, y bendita humildad la de quien confiesa sus culpas. Bendito sacramento de la Misericordia.

(TOP14S)

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