Evangelio 2022

25 junio, 2022 – Espiritualidad digital

Espíritu de conquista

Durante los tiempos de la transición española, dos mujeres de la nobleza visitaron en el locutorio a una comunidad de carmelitas descalzas. Las monjas dijeron que cada día rezaban por el líder del Partido Comunista, y las mujeres se escandalizaron: «O sea que, después de tener que soportar a ese señor en la tierra, quieren ustedes que lo soportemos también en el cielo».

Nada nuevo. También Santiago y Juan quisieron librarse de los samaritanos que se negaban a acoger al Señor por el procedimiento expeditivo de acabar con ellos: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos? Jesús se volvió y los regañó. No. No es ése nuestro estilo. Nosotros no nos defendemos de quienes nos atacan. Preferimos conquistarlos. Qué sabias son las carmelitas.

¿Cuánto rezas por los políticos que rechazan a la Iglesia? ¿Y por los periodistas que la desacreditan con noticias tendenciosas? ¿Y por los que se ríen de ti cuando saben que vas a misa? ¿Cuántos sacrificios y mortificaciones ofreces por ellos? ¿Piensas alguna vez en lo mucho que los ama el Señor? ¿O los has dado por imposibles, y preferirías que ardiesen en el infierno? Son muchas preguntas, ya sé, pero…

(TOC13)

La que vive hacia dentro

Por dos veces, con palabras distintas, nos dice san Lucas en su evangelio que la Virgen conservaba todo esto en su corazón.

Poco antes ha escrito: María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2, 19). En ambas ocasiones, el evangelista nos quiere mostrar a una mujer que lleva su mundo dentro del pecho. Si alguien quiere tener verdadera vida interior, debe fijarse, necesariamente, en la Virgen. Ella no mendiga consuelos de las criaturas, no busca la aprobación de los hombres, no desea ser vista ni ensalzada –aunque sabe que todas las generaciones la felicitarán–. No suspira por los bienes, ni los placeres, ni los gozos de este mundo, porque su mundo lo lleva dentro, en ese corazón inmaculado donde atesora el misterio de Dios.

Por eso es mujer callada. Porque vive en conversación constante, pero esa conversación fluye en su interior. Y, también por eso, aunque habla poco, cuando habla sus palabras huelen a Espíritu Santo.

Venera ese inmaculado corazón de tu madre del cielo. Y, a ejemplo suyo, abre a Dios el tuyo mientras cierras tus labios a palabras ociosas. Si eres hijo de la Virgen, que se note. Ten vida interior.

(ICM)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad