Evangelio 2022

11 junio, 2022 – Espiritualidad digital

Un Dios muy familiar

Lo escuché decir una vez, no recuerdo a quién. Me pareció una afirmación arriesgada, pero muy sugerente. No somos monoteístas. El monoteísmo (esto va de mi cosecha) es triste. Un solo Dios, así, a secas, es un Dios solo. Y es, también, un Dios lejano, que habita en lo alto del cielo y a quien el hombre, apenas de puntillas y estirando los brazos sobre un monte, puede soñar con acercarse. ¿Cómo sabrás que te escucha? Por otro lado, si Dios reúne todas las perfecciones, y Él mismo afirma que no es bueno que el hombre esté solo, ¿no será perfección un Dios-compañía?

Tampoco somos politeístas. La fe cristiana es trinitaria. Un solo Dios verdadero, pero tres personas distintas que dialogan, se aman y se conocen con divina perfección.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará. ¡Delicioso! Ese diálogo fecundo entre las tres personas divinas resplandece, se expande y se comunica al hombre en la entrega del Verbo y la efusión del Espíritu. Un Dios-familia nos ha hecho familia de Dios.

(SSTRC)

Síes y noes

La política ha puesto de moda en España el «sólo sí es sí», y el «no es no». Por desgracia, más les hubiera valido a algunos decir «no» donde dijeron «sí» y decir «sí» donde dijeron no. En ocasiones, no hay nada más sensato que un «donde dije “digo” digo “Diego”».

Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno. No quiere decir Jesús que no rectifiquemos si nos equivocamos. Recordad la parábola de los dos hijos llamados a la viña, y cómo elogió a quien transformó su «no» en un «sí». Pero a un hombre debe bastarle su palabra; el juramento es un acto grave, en el que se pone a Dios por testigo, y sólo en muy contadas ocasiones debemos acudir a él. Cuando lo hagamos, deberíamos saber que ponemos en nuestros labios la salvación de nuestras almas. Mejor andar con cuidado.

Hay síes por los que vale la pena morir: el que otorgasteis el día de vuestra boda, el que yo pronuncié el día de mi ordenación sacerdotal, el que entregamos al renovar, en la Confirmación, las promesas de nuestro bautismo… Por esos síes vale la pena gritar muchos noes.

(TOP10S)

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