Evangelio 2022

junio 2022 – Espiritualidad digital

Nos hemos confundido de tragedia

Está claro que las tragedias del Señor no son las nuestras. No sería grave, si el Señor no fuese Dios. Pero, si el Señor es Dios, eso significa que nos equivocamos de tragedias continuamente. Enferma gravemente un familiar y, para evitar la «tragedia», rezamos pidiendo que se cure. Pero, entre rezo y rezo, ni siquiera le invitamos a que reciba la santa Unción. Vemos a un pobre, y pensamos más en su estómago que en su alma. «Dale de comer primero, y ya le hablarás de Dios después. No puedes evangelizar a quien tiene el estómago vacío». Y ni siquiera reparamos en que Jesús reservó su bienaventuranza para los pobres y los hambrientos.

¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados. Los hombres creían que la principal tragedia del enfermo era su parálisis. Jesús sabía que su verdadera tragedia era su pecado. No dio pan primero y Dios después, sino que se apresuró a sanar el alma y, sólo entonces, se fijó en la parálisis de sus piernas para curarla también.

Estamos ciegos porque la televisión ha quemado nuestros ojos. Y no hay más tragedia que la que anuncian las pantallas. Pero hace mucho que las cámaras dejaron de buscar almas.

(TOI13J)

Columnas de barro

Pablo es humilde con humildad recia, sin amaneramientos. Leed el capítulo 11 de la segunda carta a los Corintios, donde relata tanto sus méritos como su debilidad. Es cierto que habla mucho de sí mismo, pero lo hace como el turista que se retrata junto a una pirámide, para que se vea su pequeñez frente a la grandeza de Dios. Tras el fracaso de Atenas, donde, por agradar al público, calló sobre la Cruz, se enamoró perdidamente de esa Cruz y centró en ella toda su predicación en adelante. Ya no quiso saber cosa alguna sino a Cristo, y éste crucificado.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Pedro es el amigo que ama y falla. Jesús le da el primer puesto, pero está claro que a él le gusta. Siempre se adelanta a los demás. Quizá por eso el Señor lo dejó caer tres veces, para que fuese humilde. Y quizá, también por eso, el Resucitado le preguntó, de nuevo por tres veces, si lo amaba más que el resto de apóstoles. Así lo invitaba a no pretender ser el primero más que en amor.

Benditos sean ambos. Frágiles, escogidas y enamoradas columnas de la Iglesia.

(2906)

Un mal despertar

Con razón estaba escrito: No despertéis, no desveléis al Amor, hasta que le plazca (Ct 2, 7). Está claro que Jesús no tiene un buen despertar. Lo sacan del sueño a gritos los apóstoles, angustiados a causa de la tormenta y temerosos al ver la barca cubierta por las olas, y el Señor se despierta con un humor bastante mejorable:

¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

Pedir ayuda a alguien cuando estás angustiado, y que esa persona encima te abronque no sienta especialmente bien. Pero merecido lo tenían. Además, les salió a cuenta, porque el mal despertar del Señor no lo pagó sólo con ellos: abroncó también al viento y a las olas, que quedaron mudos de espanto. Me he acordado de un salmo: El Señor se despertó como de un sueño, como un soldado vencido por el vino: hirió al enemigo en la espalda, infligiéndole una derrota perdurable (Sal 78, 65-66).

Escribo en tono de humor, pero no miento. Jesús recriminó a los apóstoles su falta de fe, porque quien tiene al Señor con él nada debe temer, aunque Jesús vaya dormido. Lo que realmente debemos temer es al pecado, que expulsa a Jesús de nuestra barca.

(TOI13M)

Almohadas

No viajo mucho; la labor en la parroquia no me lo permite. Quizá por eso, cuando salgo de ejercicios, o de peregrinación con mis feligreses, suelo dormir mal. Echo de menos mi almohada. Alguien me sugirió que podría llevar la almohada conmigo, pero me parece «demasié». Prefiero dormir mal.

Las zorras tienen madriguera y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Durante su vida pública, Jesús no tuvo lo que yo tengo: su almohada. Dormía donde le dejaban y, si no le dejaban, dormía en el suelo. Como para que yo saque la viscoelástica de viaje. ¡Venga ya!

Antes de la vida pública, Jesús sí tuvo dónde reclinar la cabeza: en el hombro de la Virgen, que es la mejor almohada. Tras la muerte de san José, quizá fue la única criatura en quien Cristo pudo descansar. Pero, tras recibir el bautismo de Juan, Jesús tendrá que esperar tres años para tener almohada propia, y esa almohada será la Cruz, donde inclinará la cabeza mientras entrega el Espíritu.

No nos quejemos. Nosotros tenemos dos almohadas: la Virgen, y el propio Jesús, en quien Juan reclinó la cabeza. Ambos velan nuestro sueño mientras dormimos.

(TOP13L)

Espíritu de conquista

Durante los tiempos de la transición española, dos mujeres de la nobleza visitaron en el locutorio a una comunidad de carmelitas descalzas. Las monjas dijeron que cada día rezaban por el líder del Partido Comunista, y las mujeres se escandalizaron: «O sea que, después de tener que soportar a ese señor en la tierra, quieren ustedes que lo soportemos también en el cielo».

Nada nuevo. También Santiago y Juan quisieron librarse de los samaritanos que se negaban a acoger al Señor por el procedimiento expeditivo de acabar con ellos: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos? Jesús se volvió y los regañó. No. No es ése nuestro estilo. Nosotros no nos defendemos de quienes nos atacan. Preferimos conquistarlos. Qué sabias son las carmelitas.

¿Cuánto rezas por los políticos que rechazan a la Iglesia? ¿Y por los periodistas que la desacreditan con noticias tendenciosas? ¿Y por los que se ríen de ti cuando saben que vas a misa? ¿Cuántos sacrificios y mortificaciones ofreces por ellos? ¿Piensas alguna vez en lo mucho que los ama el Señor? ¿O los has dado por imposibles, y preferirías que ardiesen en el infierno? Son muchas preguntas, ya sé, pero…

(TOC13)

La que vive hacia dentro

Por dos veces, con palabras distintas, nos dice san Lucas en su evangelio que la Virgen conservaba todo esto en su corazón.

Poco antes ha escrito: María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2, 19). En ambas ocasiones, el evangelista nos quiere mostrar a una mujer que lleva su mundo dentro del pecho. Si alguien quiere tener verdadera vida interior, debe fijarse, necesariamente, en la Virgen. Ella no mendiga consuelos de las criaturas, no busca la aprobación de los hombres, no desea ser vista ni ensalzada –aunque sabe que todas las generaciones la felicitarán–. No suspira por los bienes, ni los placeres, ni los gozos de este mundo, porque su mundo lo lleva dentro, en ese corazón inmaculado donde atesora el misterio de Dios.

Por eso es mujer callada. Porque vive en conversación constante, pero esa conversación fluye en su interior. Y, también por eso, aunque habla poco, cuando habla sus palabras huelen a Espíritu Santo.

Venera ese inmaculado corazón de tu madre del cielo. Y, a ejemplo suyo, abre a Dios el tuyo mientras cierras tus labios a palabras ociosas. Si eres hijo de la Virgen, que se note. Ten vida interior.

(ICM)

Tu Amigo

amigoNunca digas que Dios te lo pone difícil. Nunca digas que Dios te envía una cruz. Nunca digas que «Dios aprieta», aunque no ahogue. Nunca pienses que tú no te salvarás.

A causa de nuestros pecados, la vida se ha vuelto difícil. A causa de nuestros pecados, la vida se ha llenado de cruces. A causa de nuestros pecados, la muerte puede llegar a apretarnos, e incluso a ahogarnos. A causa de nuestros pecados, no podemos salvarnos sin ayuda del cielo.

¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros. Éste es Dios: El que te ama, el que ha encerrado su infinito Amor en un corazón de carne, como el tuyo. Y ese corazón sacratísimo está empeñado en salvarte a toda costa. A costa, incluso, de su propia vida.

Dios es quien vuelve dulce lo difícil; quien se clava contigo en tu cruz; quien te libera del ahogo de la muerte; quien te salva.

Déjate rescatar; que Dios no es tu enemigo, sino tu único y fiel Amigo.

(SCJC)

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