Evangelio 2022

mayo 2022 – Página 2 – Espiritualidad digital

Conviene

os conviene que yo me vayaEse os conviene que yo me vaya, salido de la boca del Señor, es extraño. Nos cuesta entenderlo, porque si algo nos conviene es que Jesús no se marche, que esté siempre con nosotros. Es necesario entender cómo el Señor se ha marchado sin dejarnos solos, y cómo, en esa dolorosa marcha que celebraremos el día de la Ascensión, hemos salido ganando.

Si Jesús no se hubiera marchado, si se hubiera quedado en esta tierra tal como habitó junto a sus discípulos, ¿qué oportunidades habríamos tenido de verlo cara a cara? ¿Tú has visto al Papa? Y, si lo has visto, ¿cuánto tiempo has hablado con él? Yo logré saludar a Juan Pablo II durante algo más de medio minuto.

Jesús se ha marchado, ha renunciado a esa presencia física en el mundo, para volver, por su Espíritu, con una presencia interior que llena el alma. La Ascensión da paso a Pentecostés. Lloran los ojos, porque no lo ven, y los oídos, porque el timbre de su voz lo hemos perdido, pero alcanza el alma en gracia más intimidad de Amor con Cristo que la que hubieran podido darle años de presencia física. Por tanto, aunque nos duela, nos conviene.

(TP06M)

Testimonio sin luces de neón

En nuestros ambientes eclesiales, últimamente la palabra «testimonio» ha adquirido tintes de espectáculo. Organizas un encuentro diocesano, y buscas a alguien que lo amenice con un testimonio. A ser posible, alguien que tenga una historia impactante, porque vivimos de impactos. Un drogadicto que ahora es monje; una religiosa que antes fue delincuente habitual; un médico abortista que ahora dirige una asociación pro-vida… Y, finalizado el testimonio, grandes aplausos, como en un concierto. Los que hemos ido a misa toda la vida y no hemos delinquido no tenemos nada que hacer en esos auditorios. Pobres de nosotros.

Cuando venga el Paráclito, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. ¡Qué gran noticia, para los que hemos conocido al Señor «desde el principio», y no hemos estado en la cárcel, ni nos hemos drogado, ni hemos formado parte de bandas de delincuentes! También nosotros estamos llamados a dar testimonio, y nada menos que como lo da el Espíritu. Testimonio de amor.

No necesitamos auditorios, ni aplausos. Sólo calles, bares, oficinas, supermercados, casas… Con el amor que mostremos a nuestros semejantes, daremos testimonio de que Cristo vive y ama a todo hombre. ¡No está mal!

(TP06L)

Paz a los hombres que ama el Señor

A la luz de las palabras del Señor, queda claro que existen una paz del mundo y una paz de Dios. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo.

La paz de Dios no viene al cuerpo, sino al alma, y viene para quedarse. Puedes estar en silencio absoluto, cómodo en un sillón, pletórico de salud y en paz con todo el mundo. Pero, por dentro, no encuentras reposo, porque estás en guerra; en guerra con Dios, aunque no lo sepas. Porque no aceptas tu historia, porque te rebelas contra acontecimientos que Dios permite para tu bien, porque no quieres darle a Dios lo que te está pidiendo o, sencillamente, porque le diste la espalda un día a tu Creador y no has vuelto a dirigirte a Él. Por eso no descansas.

¿Por qué no te reconcilias con Dios? El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Confiésate, llénate de esa gracia, acoge a Dios en tu alma. Y, aunque el mundo, el demonio y la carne te declaren la guerra, te llenarás de una paz inalterable.

(TPC06)

Peregrinos que pisan fuerte

caminoNos viene a la cabeza el recuerdo de los mártires cuando escuchamos las palabras del Señor: Como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

Pero los mártires no agotaron el contenido de esta profecía del Señor. Cualquier cristiano que ame verdaderamente al Señor, aunque no llegue a sufrir muerte violenta a causa de su nombre, percibe la misma hostilidad. Este mundo no es habitable para un hijo de Dios. Violencias, mentiras, injusticias, frivolidad, blasfemias, insolencia… Estamos rodeados de pecado por todas partes, y ese pecado, por desgracia, se filtra muchas veces en nuestras almas. Por eso nos sentimos extranjeros, nos sabemos peregrinos, añoramos la Patria de cielo y soñamos con llegar a ella.

Y, con todo… amamos locamente a este mundo tan lleno de pecado. ¿Cómo podríamos redimirlo, si no lo amamos primero? Lo amamos, lo sufrimos y, si es preciso, lo abrazamos como lo abrazó Jesús en la Cruz. Nuestros pasos de peregrinos deben pisar fuertemente esta tierra y llenarla del perfume de Cristo. No nos sienta bien encerrarnos en «burbujas piadosas»; preferimos pasar por esta tierra derramando amor entre quienes no conocen al que me envió.

(TP05S)

Capitanes distintos, distintas guerras

Cada vez que pulso el teclado, aparece una letra en la pantalla. Es casi instantáneo. Con la lavadora sucede lo mismo: pulso el botón y ella, inmediatamente, comienza a cargarse de agua para limpiar.

Cuando hice el servicio militar (porque yo lo hice, aún quedamos unos cuantos), el capitán me decía: «No piense, Rey, no piense». Yo sufría al escuchar aquello, siempre me ha gustado pensar, pero entiendo que tenía razón. No se puede ser contemplativo en la guerra.

Afortunadamente, en el combate por la salvación del alma las cosas son distintas. Jesús ha hablado, hasta hoy, de «guardar» sus mandatos y permanecer en sus palabras. Quiere que las saboreemos y se nos llene el alma de su dulzura. Porque este combate es combate de Amor, y el amor requiere sosiego y contemplación.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Por primera vez, aparece en el discurso la palabra «hacer». Es el alumbramiento que sigue a la gestación del «guardar». Porque de poco nos serviría rezar si, después, no entregamos la vida. Os he destinado para que vayáis y deis fruto. Pero, primero… «piense, Rey, piense y contemple. Después, vaya a dar la vida sin contemplaciones».

(TP05V)

El irrenunciable deseo de ser felices

¿Puede una persona renunciar a su felicidad en bien del prójimo? ¿Es egoísta la búsqueda de la felicidad? ¿Le dirías a alguien que se busca a sí mismo porque quiere ser feliz?

La respuesta a las tres preguntas es «no». Podemos renunciar a nuestro tiempo, a nuestros bienes, a nuestros caprichos, a nuestras comodidades… Pero la búsqueda de la felicidad nos caracteriza como seres humanos. No podemos renunciar a ello. Más aún: quienes nos rodean necesitan que seamos felices. Si hay algo de lo que no puedes dudar respecto a la voluntad de Dios sobre ti, es de que Dios quiere que seas feliz. La felicidad no es un artículo de lujo.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Te diré que el Señor fue feliz incluso en la Cruz. Estuvo triste y sufrió, pero, más allá de su tristeza y su dolor, fue infinitamente feliz. Porque la felicidad no está en los bienes terrenos, sino en el Amor de Dios. Renunciar a ese Amor sería perdernos.

Por eso, si quieres ser generoso, deja, primero, que Dios te haga feliz. Así podrás conducir a otros a esa misma felicidad.

(TP05J)

Abróchate el cinturón

Para un sarmiento, resulta fácil permanecer unido a la vid. No tiene que hacer nada, le basta con quedarse quieto. Para un cristiano, permanecer unido a Cristo, sin embargo, puede resultar difícil. Se recoge en oración, asiste a la santa Misa, y se abraza fuertemente al Señor. Pero en cuanto sale de la oración, en cuanto la misa termina, un vendaval de urgencias, preocupaciones, quehaceres y pasiones se conjura para arrancar al sarmiento de la vid y lanzarlo a tierra.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Al finalizar la oración, o al salir de misa, deberíamos atarnos a Cristo con un «cinturón de seguridad», para que la velocidad de la vida que llevamos no nos aparte de Él. Te mostraré, por si te ayuda, algunos cinturones que podrían mantenerte pegado a tu Señor mientras conduces por la autopista de la jornada:

Una frase del evangelio que repitas mil veces. Un crucifijo en el bolsillo que puedas acariciar. Un parón de segundos para dar gracias. Una mirada a un cuadro de la Virgen… Y no te conformes con un rato de oración por la mañana. Reza el Rosario y asiste a Misa cada día. Todo eso te ayudará a «permanecer».

(TP05X)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad