Evangelio 2022

7 mayo, 2022 – Espiritualidad digital

Chicos buenos y ovejas de Cristo

ovejasEl mejor retrato de lo que es un discípulo de Cristo lo dibuja el propio Jesús en la alegoría del Buen Pastor:

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna.

Un discípulo no es un «chico bueno». El joven rico (¿te acuerdas de él?) era un chico bueno. Rezaba, cumplía los mandamientos, y no salía de botellón por las noches. Pero existe una enorme diferencia entre el discípulo y el buen burgués que reza y cumple. El buen burgués reza, pero él decide cuánto (en ocasiones, muchísimo, incluso «más de la cuenta»). Da limosnas, a veces cuantiosas, pero él decide el importe, y ya puede la Iglesia estarle agradecido. Cumple los mandamientos –¡faltaría más!–, y así piensa que se ha ganado el cielo. Su religiosidad está tan controlada como el resto de su vida. Controlada por él, claro.

La oveja, sin embargo, es pura necesidad. El pastor la guía, le da de comer, la saca del establo y le muestra el camino. Ella, más que hacer, se deja cuidar. Y es que, mientras el burgués dice a Dios: «Haré esto», el santo pregunta: «¿Qué quieres que haga?».

(TPC04)

La respuesta de Simón Pedro

Cuántos santos, cuántas vírgenes, cuántos mártires hubieran respondido a Jesús con las mismas palabras y la misma sinceridad de Simón Pedro:

– ¿También vosotros queréis marcharos?

– Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Años antes, cuando Simón no era sino un rudo pescador de Galilea, hubiera sabido bien a quién acudir en caso de apuro: a su hermano, a sus compañeros de trabajo, a sus amigos, a su familia… ¡a su suegra! Al fin y al cabo, a ellos acudía cada jornada, al terminar el trabajo, y con ellos descansaba, reía y discutía. Pero una mañana, cerca del Jordán, conoció a Jesús, y lo amó de tal forma que ya no podía concebir su vida sin Él.

Es cierto. Son millones los seres humanos que viven sin Cristo. Y la vida se les hace más o menos soportable, porque no lo han conocido nunca. Pero, una vez has conocido a Jesús, y has gustado aunque sólo sea una gota de su Amor en el paladar del alma, la mera idea de pasar un minuto sin Él se vuelve insoportable.

Díselo tú también: «Señor, ¿a quién acudiré si no te tengo? No permitas que viva sin Ti».

(TP03S)

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