Tú, pecador

3 mayo, 2022 – Espiritualidad digital

Mesa para dos, mesa para tres

En tu oración tratas al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Te diriges a cualquiera de los tres, como si estuvierais los cuatro sentados a una mesa.

Es maravilloso que reces así. Pero, por si te ayuda, te diré que no es una mesa para cuatro, sino para dos; un encuentro íntimo.

Frente a ti, cuando oras, tienes a Jesús. Él, siendo Dios, es hombre como tú. Entiende tu lenguaje y lo habla. Su corazón es humano, como el tuyo, capaz de amarte y ser amado por ti. El diálogo perfecto.

Y, en ese diálogo, tu alma en gracia alcanza tal intimidad de amor con el Señor que resultáis ser uno solo, Él en ti y tú en Él. Comienza, entonces, la aventura.

Quien me ha visto a mí ha visto al Padre… Lo que pidáis al Padre en mi nombre yo lo haré.

En tu oración has sido transportado a una mesa para tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu. Y tú estás sentado en la silla del Hijo, porque sois uno. Él llama a su Padre Abbá desde dentro de ti, y lo hace por su Espíritu, que mora en ti.

¿Puede existir una intimidad mayor?

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