Evangelio 2022

abril 2022 – Página 2 – Espiritualidad digital

La siguiente aparición de Jesús

Hoy se cumple el octavo día.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos, y Tomás con ellos.

Nada se nos dice de los seis días que transcurrieron entre un domingo y otro, salvo que en ellos tuvo lugar la profesión de no-fe de Tomás: Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

Llegó Jesús… Trae tu mano y métela en mi costado. ¿Crees que Tomás llegó a meter la mano en el costado del Señor? Yo creo que no; si lo hubiera hecho, Jesús habría dicho: «Porque has tocado, has creído». No hizo falta. Le bastó con ver. ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Es decir, tú y yo. Vivimos de fe. Y lo normal es no ver. No andes, como algunos, a la búsqueda de signos y milagros que te aparten de esa bienaventuranza. Aprende a caminar en las tinieblas, frecuenta tu alma, visita el sagrario, ama el silencio, vive en gracia, y entonces sabrás que la siguiente aparición de Jesús tiene lugar en otro cenáculo: el de tu alma, adonde tus ojos no llegan.

(TPC02)

Gente feliz a la que nadie hace caso

MagdalenaEn el breve relato que hace san Marcos de las horas siguientes a la resurrección del Señor, los primeros testigos parecen ser tomados por locos. Son gente feliz a la que nadie hace caso.

Se apareció primero a María Magdalena… Ella fue a anunciárselo a sus compañeros… No la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

No te extrañe que te suceda lo mismo. El mundo no ha cambiado tanto desde entonces. La gente te mira, y piensa: «Éste, ¿de qué va? Está loco, no se puede ser tan feliz, la vida es dura. Le habrán lavado el cerebro, o se habrá sugestionado. Ya se caerá de las nubes».

No debería sorprenderte. El anuncio es necesario, pero no basta. Es preciso acortar las distancias, crear con los hombres lazos valiosos de amistad que les permitan comprobar que no eres un cartel publicitario, ni un chalado a quien han contado una historia bonita. Sólo desde esa distancia, la de la amistad, verán que eres «de verdad», y que las puertas de esa inmensa alegría están abiertas también para ellos.

(TP01S)

Sin cambiar nada, todo ha cambiado

Para los apóstoles, la resurrección de Cristo, aparte de una maravillosa sorpresa, supuso un enorme desconcierto. No sabían a qué atenerse. El Señor aparecía ante ellos, y habitaban el cielo. Pero después desaparecía, y se desorientaban. Es como quien va a misa el domingo y, en cuanto sale de la iglesia, vuelve a su vida como si Dios no existiera.

Me voy a pescar. Aquella tarde, lo importante era el pescado. Y la pesca nocturna resultó ser un fracaso. Pero aparece, de mañana, un personaje misterioso, y obedeciéndole pescan lo que no habían pescado en toda la noche. Juan exclama: Es el Señor. Y, ante estas palabras, el centro de gravedad del Cosmos se desplaza y se asienta en la orilla del lago. De repente, lo único que importa es Cristo.

Simón se precipita al agua, en busca de la playa donde está su Señor. Ya sólo quiere alcanzar a Cristo. Y, mientras agita el lago con sus brazadas, nosotros entendemos las palabras del Apóstol: Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra (Col 3, 1-2).

(TP01V)

¡Bendito san Lucas!

Me encanta san Lucas. No en vano es el evangelista de la misericordia, el que nos ha traído las parábolas del hijo pródigo y la oveja perdida. Cuando relata los pecados de los apóstoles, él siempre encuentra la excusa, aunque esa excusa sea pueril y maravillosa. Los ve dormidos en Getsemaní mientras Jesús padece, y comenta: Los encontró dormidos por la tristeza (Lc 22, 45). Hoy, ante la incredulidad de los amigos del Señor cuando lo ven resucitado, explica: Como no acababan de creer por la alegría… O sea, que entonces fue por la tristeza, y ahora es por la alegría. ¡Bendito san Lucas! Lo quiero de abogado en mi juicio particular.

Pero este bendito abogado tiene razón, al menos hoy. Siempre nos cuesta creer lo bueno, nos da miedo echarnos en brazos de la alegría, dudamos antes de proferir gritos de júbilo, porque tememos que, después, venga la decepción. A los niños no les cuesta alegrarse, se alegran con cualquier cosa. A quienes hemos sufrido el desengaño nos resulta más difícil. Culpa nuestra. No debimos dejarle a la tristeza llevarse el botín de nuestra esperanza.

No tengamos miedo. Sea nuestra alegría y nuestro gozo. Cristo ha resucitado verdaderamente. ¡Aleluya!

(TP01J)

Leyendo salmos camino de Emaús

EmaúsCuando aquellos discípulos increparon al forastero que les preguntaba por el motivo de su conversación, ni conocían el alcance de sus palabras, ni sabían que increpaban al propio Dios:

¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?

Y comentan: «Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera» (Sal 94, 7).

A su manera, tenían razón. En ocasiones, cuando el mal clama por sus fueros y la angustia aprisiona al hombre, parece que el Todopoderoso no se enterara, que fuese el único forastero que no sabe lo que está sucediendo. Es, entonces, cuando el hombre se pregunta: «¿Dónde está Dios? ¿Acaso se tapa la cara para no enterarse (Sal 10, 11)?».

Son momentos terribles. Todos ellos nos llevan de vuelta al Viernes Santo, y a ese estremecedor Sábado en que parecía que Dios, dormido, era ajeno a la oscuridad que cubría el Orbe.

Pero, si mantienes viva la esperanza, después aparece y, como a los de Emaús, te lo explica todo, y te hace ver que era necesario. Entonces te arde el corazón, te alegras de haber padecido, y comprendes: Me estuvo bien el sufrir (Sal 119, 71).

(TP01X)

Tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse

María MagdalenaCualquiera que ame locamente a Jesucristo comprende bien el impulso de María Magdalena. Cuando, tras escuchar su nombre pronunciado de aquel modo inconfundible, sus ojos descubren los ojos del Señor y lo reconocen, se abraza a sus pies dispuesta a encadenarse a ellos de por vida. Es lo que pide el corazón: abrazar a Jesús y no dejarlo escapar jamás.

Pero el Maestro le dice: No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos… Sé que me amas, pero no puedes estar todo el día ante el sagrario, porque todavía no he subido al Padre. Aunque la Cabeza esté en el cielo, mi cuerpo sigue en la tierra, y mis miembros, que sois vosotros, aún tenéis mucho trabajo que hacer. Es preciso completar la redención del mundo, es necesario que vayáis, y anunciéis a los hombres la buena noticia hasta que Yo vuelva. Ese día subiré del todo al Padre, y me abrazarás para no soltarme jamás.

Hasta que ese día llegue, moraré en tu alma, preso de Amor por ti. Pero tu cuerpo debe recorrer los caminos de la tierra, mientras tus labios gritan: He visto al Señor y ha dicho esto.

(TP01M)

Mañana de siembra

Ha amanecido, y en esta mañana recién alumbrada sólo los necios y los borrachos siguen durmiendo. Los sembradores ya recorren los campos, dispuestos a llenar los surcos con semillas de trigo, que un día será pan.

Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

Y corren las mujeres con palabras de vida entre las manos, palabras que esparcirán primero en el Cenáculo, y que desde allí se propagarán por toda la tierra. Allí me verán… ¿Quién no desea ver a Cristo, contemplar la faz radiante del Resucitado? ¡Id a Galilea, donde todo empezó, donde por vez primera escuchasteis al Maestro! Vuelve a la fe de tu infancia, a tus primeras oraciones, al brillo en los ojos del niño que hacía su primera comunión. Vuelve allí, a la sencillez de los principios, porque todo empieza hoy, y lo verás.

También los sembradores de cizaña han madrugado: Decid que sus discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. ¡Curioso! Los primeros en creer en la resurrección del Señor fueron los sumos sacerdotes… y temblaron, como los demonios. Cuando no hay amor, la fe aterra.

¿A qué esperas? ¡Sal a la calle! ¡Ve a sembrar!

(TP01L)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad