Evangelio 2022

29 diciembre, 2021 – Espiritualidad digital

¡Dichosos los ojos que te ven!

A aquel anciano le había sido revelado que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Y cuando, al fin, tuvo entre sus brazos al Salvador, exclamó: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

No quiso decir que tuviera deseos de morirse. Ni de sus palabras podéis deducir que entregara su alma esa misma noche, una vez que hubo visto al Mesías. Lo que Simeón dejó entender es que su vida estaba cumplida. Él fue el compositor original del canto «Véante mis ojos, dulce Jesús bueno. Véante mis ojos, muérame yo luego», que tanto gustaba a Teresa de Jesús. Y así sabemos que, no sólo él, sino todos los hombres hemos sido creados para gozar de la hermosura infinita del rostro de Cristo. Y que, hasta que no contemplemos esa hermosura, nuestra dicha no será completa.

Por otro lado, Simeón estaba expresando su deseo de morir a este mundo y vivir sólo para Dios. Vuelvo a otro poema, en este caso de Fray Luis: «¿Qué mirarán los ojos / que vieron de tu rostro la hermosura/ que no les sea enojo?».

Por eso guardamos la vista. Porque esperamos ver a Cristo.

(2912)

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