Misterios de Navidad

7 noviembre, 2021 – Espiritualidad digital

Mi familia, mi hogar, mis necesidades

temploEl pasaje evangélico del óbolo de la viuda, cuando se proclama en domingo, siempre nos brinda a los sacerdotes una oportunidad para pediros dinero. Y, también, siempre hay quien comenta con el vecino de banco: «¡Ya está el cura pidiendo!».

Nadie debería enfadarse. No conozco a ningún sacerdote que pida para sí mismo. Pedimos para Dios, para su casa, y estamos dispuestos, si fuera necesario, a mendigar para mantener nuestras parroquias. En esta última frase, «nuestras» significa, también, vuestras. Porque la casa de Dios es la casa de nuestro Padre y, por ello, también la nuestra.

Se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Al entregar al templo cuanto tenía para vivir, aquella mujer demostraba que Dios era su vida, y el templo su hogar. Sólo con un corazón así puede cumplirse el mandamiento: «Ayudar a la Iglesia en sus necesidades». Es mi familia, es mi hogar, y son mis necesidades.

(TOB32)

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