Misterios de Navidad

29 octubre, 2021 – Espiritualidad digital

Tus manos llagadas

llagas¡Cuántos milagros obró Jesús posando sus manos sobre la carne enferma de los pobres! Parecía que llegara la sanación a través de una caricia. O que fuera la soledad la que hacía enfermar a aquellos hombres, y una caricia de Amor, al tiempo que sosegaba el alma, sanaba el cuerpo.

Jesús, tocando al enfermo, lo curó.

Cómo nos gustaría, a ti y a mí, sentir la mano de Jesús sobre nosotros. Cómo disfrutaríamos de esa caricia de Dios hecho hombre. Cuántos dolores se calmarían, cuántas lágrimas amontonadas durante años tras los párpados manarían a raudales…

Pero lo cierto es que las manos de Jesús nos tocan y, muchas veces, no nos damos cuenta. No las reconocemos, porque el Señor, a ti y a mí, nos acaricia con sus manos llagadas. Cada vez que sentimos, en el corazón o en el cuerpo, el peso de la Cruz, esas manos llagadas de Jesús tocan nuestros afectos y nuestros miembros. Ojalá las besáramos, en lugar de quitárnoslas de encima.

Si reconociéramos esas manos y las besáramos mientras nos acarician, aquello que nos enferma nos sanaría, y aquello que nos hiere nos daría la Vida.

Jamás permitas, Señor, que reniegue de tus manos llagadas.

(TOI30V)

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