Misterios de Navidad

22 octubre, 2021 – Espiritualidad digital

Dos hijos, frente a frente

Me impresionaron, de joven, esas palabras de san Josemaría Escrivá: «La Virgen Dolorosa. Cuando la contemples, ve su corazón: es una Madre con dos hijos, frente a frente: Él… y tú» (Camino, n. 506).

La posibilidad de estar enfrentado a Jesús me aterra. Pero, por muchos paños calientes que quiera poner, ésa ha sido la verdad. Cuando pequé, me enfrenté a Él, y ocupé, en el Calvario, el lugar de los verdugos.

Mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez.

En el himno «Oh, Cruz fiel», llamamos a la Cruz «abrazo de Dios con los verdugos del Ungido». Es allí, en el Gólgota, donde debo dejarme abrazar si quiero cambiar de bando. Y, más que por miedo al juez, quisiera dejarme abrazar por amor a Aquél a quien afrenté.

Entre Jesús y yo, llegar a un acuerdo significa que yo me reconcilie con la Cruz. No basta con mirar y llorar; tengo que abrazar mi cruz, entregar mi vida en obediencia, aceptar mi dolor y mi muerte… Tengo que ser allí, junto a la Virgen, otro Juan.

(TOI29V)

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