Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

12 octubre, 2021 – Espiritualidad digital

¡Qué «irreverencia» tan simpática!

Venero a esa mujer cuyo nombre nos oculta la Escritura:

Mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

No tiene respetos humanos, ni casi divinos; ante ojos puritanos, peca, incluso, de irreverente. ¿Cómo se le ocurre alzar la voz mientras el Hijo de Dios está hablando? ¿Cómo se le ocurre interrumpirle el discurso? ¿Cómo se le ocurre desviar la atención de las gentes, clavada hasta entonces en Jesús, no hacia ella, sino hacia la madre del Señor?

Yo no sé cómo se le ocurrió «dar el cante» de esta forma; pero no descarto que fuera el Espíritu quien impulsara su voz. Porque, cuando desvió la atención del auditorio hacia la Virgen, a Jesús no le molestó. Al revés, Él mismo elogió a su Madre con palabras más sublimes:

Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. ¿Puede alguien dudar que se refería, antes que a nadie, a ella?

No temas que la devoción a la Virgen pueda «ensombrecer» a Cristo. No hay buen hijo que no se llene de alegría cuando ensalzan a su madre.

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