Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

7 octubre, 2021 – Espiritualidad digital

Que te lo cuente ella

La Virgen santísima es llamada «puerta», porque a través de ella entró el Verbo divino en este mundo. Con su «fiat», aquella puerta se abrió, y el Hijo de Dios irrumpió en la Historia.

Cada vez que rezamos el Rosario, esa puerta virginal se abre de nuevo y, por la contemplación de los misterios, somos nosotros quienes entramos en el inmaculado Corazón de la Virgen, y allí la Señora nos muestra la vida de Cristo.

Imagínate sentado a los pies de María. Imagina que ella te habla de Jesús, te cuenta el anuncio del ángel, te desvela el misterio de las bodas de Caná, comparte contigo el dolor de la flagelación de su Hijo, y te anuncia la resurrección del Hijo de Dios. Todo eso sucede durante en rezo del Rosario si, además de emplear los labios en la recitación de las avemarías, aplicamos el alma al Corazón inmaculado de la Madre de Dios. ¡Cuántas confidencias, cuantos sentimientos compartidos, cuánta intimidad, cuánta dulzura!

No seré yo quien te diga que un rosario rezado deprisa y sin devoción carece de valor. El único rosario que carece de valor es el que no se reza. Pero, cuando se reza bien… ¡Qué maravilla!

(0710)

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