Misterios de Navidad

octubre 2021 – Espiritualidad digital

Te quiero todo

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser¿Cómo te amaré, Dios mío? Un «te quiero mucho» no basta para Ti. Tú quieres más, lo quieres todo.

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. Eso es un «te quiero todo».

Con todo tu corazón… Si hubiera en mi corazón un afecto que me alejase de Ti, renuncio a él y lo tengo por idolatría. No quiero amar a nadie que no me lleve a amarte a Ti.

Con toda tu alma… No permitas que ningún pecado te robe el más pequeño rincón de mi alma. Concédeme odiar a muerte incluso la menor falta que pudiera apagar el brillo de tu Amor.

Con toda tu mente… No quiero dedicar mi pensamiento a nada que no me lleve a Ti. Y, si me vieras de Ti distraído, pensando en «mis cosas» o en «mis problemas», llámame, Señor, para que a Ti te los entregue, y mi mente esté llena de Ti.

Con todo tu ser… No me conformo con servirte, Dios mío. Porque podría servirte como quien hace un trabajo esperando recompensa. Yo quiero ser todo tuyo, que no hay recompensa mejor que pertenecerte por entero.

(TOB31)

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Amigo, sube más arriba

Vas siempre, buen Pastor, dos pasos por delante de mí, y así me abres camino, porque Tú eres el Camino. Nunca me pediste nada que no hicieras Tú primero, para que yo camine sobre tus huellas y te encuentre tendido, como alfombra, en la senda que pisan mis pies.

Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba».

Lo dices, y lo haces. Te convido yo a mi vida, y te escondes en el rincón más oscuro y remoto del alma, en el último puesto, como queriendo pasar desapercibido. Un mosquito que me zumba en los oídos mientras rezo, un dolorcillo de nada, una preocupación insignificante, parecen tener más importancia que Tú.

Entonces tengo que acudir en tu busca; retirarme a lo más profundo del alma hasta que te encuentro allí, en el último puesto. Y, al encontrarte, te digo: Amigo, sube más arriba. «¿Es que vas a ser menos que un mosquito, un dolor o una preocupación? Brilla más, Amigo, resplandece, y acalla con tu luz a esos intrusos que se han colado en mi vida, para que así lo seas todo para mí».

(TOI30S)

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Tus manos llagadas

llagas¡Cuántos milagros obró Jesús posando sus manos sobre la carne enferma de los pobres! Parecía que llegara la sanación a través de una caricia. O que fuera la soledad la que hacía enfermar a aquellos hombres, y una caricia de Amor, al tiempo que sosegaba el alma, sanaba el cuerpo.

Jesús, tocando al enfermo, lo curó.

Cómo nos gustaría, a ti y a mí, sentir la mano de Jesús sobre nosotros. Cómo disfrutaríamos de esa caricia de Dios hecho hombre. Cuántos dolores se calmarían, cuántas lágrimas amontonadas durante años tras los párpados manarían a raudales…

Pero lo cierto es que las manos de Jesús nos tocan y, muchas veces, no nos damos cuenta. No las reconocemos, porque el Señor, a ti y a mí, nos acaricia con sus manos llagadas. Cada vez que sentimos, en el corazón o en el cuerpo, el peso de la Cruz, esas manos llagadas de Jesús tocan nuestros afectos y nuestros miembros. Ojalá las besáramos, en lugar de quitárnoslas de encima.

Si reconociéramos esas manos y las besáramos mientras nos acarician, aquello que nos enferma nos sanaría, y aquello que nos hiere nos daría la Vida.

Jamás permitas, Señor, que reniegue de tus manos llagadas.

(TOI30V)

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Como dos niños bajitos

Tengo devoción a esta fiesta, porque celebramos a dos santos como dos niños bajitos que ocupan, en la clase, los pupitres de la última fila. Ocultos tras sus compañeros de metro ochenta, no hay forma de que los vea el profesor.

Te dicen: «Simón», y piensas en Pedro. Te dicen: «Judas», y piensas en el Iscariote. Pero detrás de Pedro está el Zelote, y detrás del Iscariote está Tadeo. Lo que ocurre es que pasan desapercibidos, porque están «repes».

Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Tan llamados fueron los unos como los otros. Pero el Zelote y Tadeo (los voy a llamar así para que se los vea) han tenido la ventaja de la discreción.

Si por los santos fuera, todos preferirían pasar desapercibidos. Porque el santo, a semejanza de Jesús, busca los últimos puestos, para cambiar el mundo desde allí. Cuando los santos han tenido fama en este mundo, ha sido siempre a su pesar. Quienes desean brillar sobre la tierra podrán alcanzar el estrellato, pero nunca la santidad.

(2810)

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Un ídolo llamado «Paramí»

En la relación entre el hombre y Dios, existe una regla básica: Cuando el hombre le hace trampas a Dios en el juego, Dios no levanta la voz. El problema llega al final de la partida, cuando el hombre descubre que se hizo trampas a sí mismo.

«Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os dirá: «No sé de dónde sois». En un momento dado, percibes que Dios te pide lo que tú no le quieres dar, o que hay algo en tu vida que le desagrada. Pero te dices: «A mí Dios no me pide eso. Y, en cuanto a eso que la Iglesia llama “pecado”, para mí no lo es. Así que seguiré rezando, yendo a misa y comulgando. Y, cuando confiese, no confesaré “eso”, porque, para mí, no es malo».

A partir de entonces, ¿a qué Dios estás rezando? No al Dios verdadero, que te pide lo que no quieres darle, sino a un ídolo fabricado a imagen de tus apetencias. No te extrañe si, cuando llegues a la presencia del verdadero Dios, te dice: «No te conozco, no sé de dónde eres, no era a Mí a quien rezabas».

(TOI30X)

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Una lección de vuelo

El hombre siempre ha sentido una envidia secreta hacia las aves. Aunque ahora contemos con aviones, seguimos diciendo: «libre como un pájaro». ¿Has soñado alguna vez que vuelas? ¡Pobre Ícaro!

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Los pájaros no pueden estar siempre en el aire, necesitan un apoyo sólido entre vuelo y vuelo. Por eso construyen nidos en las ramas, donde se sienten a salvo de otros animales.

Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas.

Atento, pajarillo, va una lección de vuelo: la palabra de Dios que escuchas cada mañana es como un pequeño grano de mostaza. ¿Qué son las cinco líneas del evangelio de hoy, frente al torrente de noticias, chismorreos y palabrería que escucharás? Pero, si la guardas, crecerá en tu memoria como un árbol, y en ella harás pie, porque todo lo demás se mueve. Allí anidarás a salvo de las contrariedades de la jornada, y en ella te refugiarás cuando tus alas tiemblen por el cansancio.

Al final, esas cinco líneas serán para ti más grandes que la Biblioteca de Alejandría.

(TOI30M)

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Me desataste, y puedo beber

Quizá se reían de ella. La pobre mujer llevaba dieciocho años encorvada, sin poderse enderezar. Probablemente, la despreciaran como a una maldita. Algo malo habrían hecho, ella o sus padres, para merecer semejante enfermedad.

Los ojos del Señor la miran. Y ven lo que nadie ve. Una cuerda invisible con la que su cuello está atado a tierra. Como un animal atado al pesebre, que puede comer, pero no puede acercarse a beber al arroyo. Comemos suelo y bebemos cielo. Más allá de aquella mujer, ve Jesús a los hijos de Adán, encadenados a la tierra, de la que llenan su vientre, pero incapaces de mirar al cielo, de donde brota el agua que sacia el alma.

Hipócritas –increpa a los fariseos, quienes se quejan de que el Señor la haya curado en sábado– cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?

¿No ha hecho lo mismo el Señor contigo y conmigo? ¿De cuántas ataduras te ha liberado para que puedas beber cielo en su costado? Da gracias. Y recuerda que, si te ha desatado, es para que emplees tu vida en amarlo y alabarlo. Eres hijo de Dios.

(TOI30L)

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