Misterios de Navidad

24 septiembre, 2021 – Espiritualidad digital

La eterna pregunta y la puerta estrecha

La pregunta de Jesús, ¿quién decís que soy yo?, ha conocido muchas respuestas. Para Juan, Cristo es el Verbo, el que existía junto al Padre en el principio. Para Pablo, Cristo es su vida (Para mí la vida es Cristo –Flp 1, 21–). Para Francisco, Cristo era su Dios y su todo («Deus meus et omnia!»).

Pero la primera respuesta a esa pregunta capaz de llenar la existencia de un cristiano, y a la que no terminaremos de responder hasta que exhalemos el último suspiro, la pronunció Pedro: El Mesías de Dios.

Es un judío quien habla. Y sus palabras sólo se entienden desde las Escrituras. El Mesías de Dios significa que Dios no ha olvidado a los suyos, que en ese hombre llamado Jesús camina junto a ellos y los acompaña. Significa que está llamado a reinar, que será elevado sobre todo, y que en Él verán las naciones el triunfo de Yahweh.

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho… Jesús ilumina todas aquellas profecías. Eso sucederá, pero será a través del dolor y la muerte. Dios reinará, en esta vida, desde el Leño. Contempla la Pasión de Cristo, y póstrate ante Él. Él lo es todo.

(TOI25V)

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