Misterios de Navidad

23 septiembre, 2021 – Espiritualidad digital

Un hombre aburrido

Con todo su oropel y sus lujos, sus comilonas y borracheras, su corte de aduladores y sus siestas de dos horas, Herodes siempre me ha parecido un hombre terriblemente aburrido. Lo imagino bostezando en sus banquetes, y sólo momentáneamente despertado por la danza voluptuosa de una joven que aún no había tenido tiempo de aburrirse. En ese breve momento de excitación, decidió que también se había aburrido de Juan y lo mató para que continuase la fiesta. Lástima que, al hacerlo, su crimen le dejara clavada una espina que le impidió, en adelante, conciliar el sueño.

Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

¡Qué cerca estuviste, Herodes! Pero, en tu ceguera, no reconociste al único hombre capaz de mantenerte vivo eternamente. Quizá, en tus noches de insomnio, te preguntabas si habría algo o alguien que no aburriese. ¡Ahí lo tuviste! Y no lo supiste reconocer. Sólo Cristo es capaz de enamorar cada día más, sin jamás cansar.

Y sólo quienes aún están fascinados con el mundo lo encuentran aburrido. Hasta que, en una crisis de asco, como Herodes, lo acaban buscando. Pero, cuando lo encuentran, su ceguera les impide reconocerlo.

(TOI25J)

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