Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

agosto 2021 – Página 2 – Espiritualidad digital

Mi investigación sobre la higuera

Desde hace años, el asunto de la higuera me quita el sueño. ¿Qué sucedió? ¿Qué hacía Bartolomé bajo aquel árbol? Toda mi sesuda investigación cabe aquí:

Bartolomé se sorprende al ser saludado por Jesús: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Esto no es un cumplido; no es como: «¡qué joven y qué guapo, el mozo!». Esto es por algo. ¿De qué me conoces? Entonces viene la bomba: Cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Bartolomé cae fulminado: Rabí, tú eres el Hijo de Dios.

Dos conclusiones. Bartolomé estaba solo bajo el árbol. De ahí el asombro al verse descubierto. Y lo que sucedió allí demostró que Bartolomé era hombre «sin doblez».

Hasta aquí llego. Salvo revelación particular –que no creo que suceda– seguiré sin dormir por culpa de la higuera. Pero tengo alguna conclusión «extra»: Ojalá pudiera complacerse Jesús en algo que nos viera hacer a solas. «Cuando vencías el sueño para rezar, te vi. Cuando besabas el crucifijo a medianoche, te vi. Cuando cambiabas de canal el televisor para evitar mancharte, te vi. Cuando sonreías a aquel cuadro de la Virgen, te vi». No estaría mal ser recibido así en el cielo.

(2408)

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Un tapón en las puertas del cielo

Jesús reprocha a los fariseos que han formado un «tapón» en las puertas del cielo. La ley los ha llevado hasta la Cruz, señalada por Cristo en el Sermón de la Montaña. Pero ellos no han querido dar el paso, se han quedado renegando en esa puerta, e impiden cruzar a los demás.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

Podríamos darle la vuelta a la frase. Si los fariseos, al negarse a entrar por aquella puerta estrecha, impidieron el paso a muchos judíos, también es verdad que Cristo, al cruzar aquella puerta santa de la Cruz, la abrió para los santos.

Ahora nos toca a nosotros; a ti y a mí. Porque yo soy sacerdote, y tengo almas encomendadas a mi cuidado (por eso nos llamáis «curas», porque tenemos cura de almas). Pero tú tienes familia, amigos, compañeros de trabajo que el Señor ha puesto cerca de ti para que los guíes hacia Él. Y no bastará con que señalemos la puerta y digamos: «¡Por allí!». Debemos cruzarla, entregar generosamente nuestras vidas, para que ellos la crucen con nosotros.

(TOI21L)

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Creo en Ti

¿Qué es la fe?

¿Crees que consiste en poner una muesca en todas las proposiciones del Credo y decir: «vale, me lo creo»?

¿Crees que consiste es «estar a favor» de Jesucristo y su Iglesia?

¿Crees que consiste en vivir «como si» todo lo que dice el Evangelio fuera verdad, esperando heredar la vida eterna tras la muerte?

No digo que no haya fe en esas actitudes, pero ninguna de ellas define la fe. La fe consiste, principalmente, en ver en Cristo al Hijo de Dios, fiarte de Él, y poner tu vida en sus manos irremediablemente.

–¿También vosotros queréis marcharos? – Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

¡Bendito Simón! Con sus palabras, viene a decir: «No comprendo lo que has dicho, pero me fío de ti». Más adelante, el Espíritu le haría entender.

Cuando alguien me dice: «Creo en Jesucristo, pero no creo en los curas», siempre respondo: «Haces muy bien. Yo, que soy cura, tampoco creo en los curas. Pero creo en un Jesucristo tan bueno y poderoso que hasta se sirve de los curas para guiar y alimentar a su pueblo».

(TOB21)

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Tú también quieres ser «number one»

Jesús acusa a los fariseos de que les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas.

No los culpes, pobrecitos. No conozco a nadie a quien no le guste ser el «number one». No todos quieren ser el «number one» para todo el mundo, que eso debe ser muy cansado, pero todos quieren (queremos) ser el «number one» para alguien. Si no me crees, mira cómo te pones cuando tu cónyuge no te hace caso.

El problema de los fariseos era que querían ser los primeros ante los hombres, buscando reconocimientos y alabanzas, y eso es una estupidez.

Sin embargo, después de resucitar, Jesús preguntó a Pedro si lo amaba más que el resto. Le gusta al Señor que queramos ser los primeros ante Él. Ser el primero ante Dios es muy distinto que serlo ante los hombres. Para ser popular en la tierra, tienes que auparte y elevarte sobre los demás. Para ser primero ante Dios, tienes que destacar por debajo, hacerte el último, el servidor de todos, la alfombra sobre la que los demás pisan blando. Que así se hizo Jesús en el Calvario para ser el primero ante su Padre.

(TOI20S)

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Cuando el santo se te va al cielo

Me hace gracia la expresión: «Padre, es que, cuando rezo, se me va el santo al cielo». ¡Hombre! ¿A dónde querrías que fuera? Igual que la cabra tira al monte, el santo se va al cielo.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. El problema es cómo amar al Señor con toda la mente cuando estás rezando y el santo, en lugar de recordarte el nombre de Dios, se te va al cielo y te deja solo. En ese momento, todas las preocupaciones e imaginaciones, al ver que el santo ha huido, entran en tu cabeza y la llenan de ruido. ¡Pobre de ti! ¿Qué harás?

Puedes pedirle al Santo con mayúscula, es decir, al Espíritu de Dios, que descienda sobre ti y vuelva a llenar tu mente con su presencia.

También puedes entregarle al Señor esa mente tuya tan atribulada como entregarías un dolor de cabeza o una corona de espinas.

Lo que importa es que, con santo o sin santo, con pensamientos elevados o con espinas, tu mente esté entregada a Dios, para que así tengas, como dice san Pablo, la mente de Cristo (cf. 1Co 2, 16).

(TOI20V)

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Sólo para enamorados

La Eucaristía es el tesoro más grande que tenemos los hijos de Dios en esta tierra. En ningún momento, a lo largo de tu vida, estarás más cerca del Cielo de lo que lo estás cuando participas en la santa Misa. Y, sin embargo, te diré que la Eucaristía, por sí sola, no basta. Los bancos de la iglesia han «oído» muchas misas, y no por ello se salvarán.

El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Como alimento corporal, la Eucaristía es despreciable. Salvo milagro, jamás serviría para nutrir el cuerpo. Y, sin embargo, llegada al alma, se convierte en el banquete más opulento que pueda degustar un hijo de Dios.

Para que esto suceda, el alma debe estar abierta y preparada para recibir a tal Señor. Recuerda que, en ese banquete, el alma es la novia. Si no está enamorada, se le hará tedio el banquete.

Por eso la oración mental, ese tú a tú del alma con el Señor, paladeado en tiempos generosos y recogidos cada día, es necesaria para disfrutar de la Misa. Si no aprendes primero a gozar de la oración, no disfrutarás de la Eucaristía.

(TOI20J)

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Cuando oscureció

La parábola de los empleados en la viña podría llamarse, también, «parábola del buen ladrón». En él se cumplió lo anunciado por Jesús:

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos».

El buen ladrón fue el último en ser llamado por Jesús y, sin embargo, fue el primero en cobrar. Es muy evocadora la parábola al decir que el salario llegó cuando oscureció. A las tres de la tarde, había oscurecido en el Calvario.

No obstante, ese transcurrir de la jornada puede leerse de otra forma más cercana a nuestro día a día. Ojalá sepa yo explicarla:

Quienes procuramos trabajar para el Señor no tenemos que esperar al final de la vida para cobrar nuestro denario. Nuestro denario es el propio Cristo, y lo cobramos mientras trabajamos, porque Él trabaja a nuestro lado y trabaja en nosotros. Lo cobramos, en efecto, cuando oscurece, porque se nos entrega en esa oscuridad del hondón del alma que sólo la fe ilumina. Allí Jesús se hace nuestro y nosotros suyos. Y allí entendemos que se nos da, como dice en la parábola, porque Él es bueno. Jamás habríamos merecido nosotros tanto Amor.

(TOI20X)

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