Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

19 agosto, 2021 – Espiritualidad digital

Sólo para enamorados

La Eucaristía es el tesoro más grande que tenemos los hijos de Dios en esta tierra. En ningún momento, a lo largo de tu vida, estarás más cerca del Cielo de lo que lo estás cuando participas en la santa Misa. Y, sin embargo, te diré que la Eucaristía, por sí sola, no basta. Los bancos de la iglesia han «oído» muchas misas, y no por ello se salvarán.

El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Como alimento corporal, la Eucaristía es despreciable. Salvo milagro, jamás serviría para nutrir el cuerpo. Y, sin embargo, llegada al alma, se convierte en el banquete más opulento que pueda degustar un hijo de Dios.

Para que esto suceda, el alma debe estar abierta y preparada para recibir a tal Señor. Recuerda que, en ese banquete, el alma es la novia. Si no está enamorada, se le hará tedio el banquete.

Por eso la oración mental, ese tú a tú del alma con el Señor, paladeado en tiempos generosos y recogidos cada día, es necesaria para disfrutar de la Misa. Si no aprendes primero a gozar de la oración, no disfrutarás de la Eucaristía.

(TOI20J)

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