Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

16 julio, 2021 – Espiritualidad digital

Salvados por una mirada

Se comprende muy bien que los santos hayan rezado y predicado tanto sobre la misericordia de Dios. Ellos, mejor que nadie, sabían que es esa misericordia la que, al final, nos salva. La mano con la que Dios nos recoge y nos redime, esa mano llagada que fue tendida en la Cruz, se llama misericordia.

Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los inocentes. En estas palabras, dirigidas a los fariseos, la misericordia se nos revela, sobre todo, como una forma de mirar.

Los fariseos miraban a los discípulos mientras éstos arrancaban las espigas en sábado, y pensaban: «Están quebrantando la Ley». Jesús, sin embargo, los miraba y pensaba: «Pobrecitos, qué hambre tienen». Es el ejemplo más claro de una mirada misericordiosa.

Los ojos del Señor estaban bañados en esa ternura. Más adelante, ya desde lo alto de la Cruz, mirará a sus verdugos y exclamará: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Jn 23, 34).

Pídele prestados sus ojos al Señor. Los necesitas. Así mirarás a quien te hace sufrir y, en lugar de pensar: «¡Qué mal me trata!», pensarás: «¡Pobrecillo! Si no estuviera sufriendo tanto, no me haría sufrir a mí».

(TOI15V)

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