Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

5 julio, 2021 – Espiritualidad digital

También los santos se mueren

«Si yo hubiese rezado con más fe, mi padre no habría muerto».

En ocasiones, los sacerdotes tenemos que escuchar frases como ésta. Son tentaciones, sugerencias del Maligno a un alma rota por el dolor, para añadir turbación al sufrimiento. Pero, precisamente por eso, requieren una respuesta firme que aleje al Enemigo y apacigüe el alma.

¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado. Leemos que Jesús resucitó a muertos y sanó a enfermos según su fe. Pero aquellas curaciones no eran sino figuras de la sanación del alma, obrada por el Bautismo y la Penitencia. De no entender esto, acabaríamos pensando que todos los enfermos se curarían si tuviéramos fe, y eso nos condenaría a vivir eternamente en este mundo. No es lo más deseable.

Hablemos claro, aunque duela. Haces bien –muy bien– en pedirle al Señor la sanación de un enfermo abocado a la muerte. Pero la enfermedad y la muerte corporal forman parte del plan de regreso al Cielo trazado por Dios y mostrado en la Cruz. Pide también –y con más fuerza– que el enfermo se confiese y reciba la santa unción. Y el alma sanará, y el enfermo tendrá vida eterna, por la fe y los sacramentos.

(TOI14L)

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