Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

1 julio, 2021 – Espiritualidad digital

Con la camilla a cuestas

No quisiera convertir estas líneas en una catequesis, pero dejadme deciros que el pecado tiene dos efectos: el reato de pena y el de culpa. El reato de pena, por el que merecemos la condena eterna, queda borrado por la confesión sacramental. Pero el de culpa, la herida causada en nuestra naturaleza por pecado y el desorden que conlleva, no lo anula la confesión; después de confesar, te sigue apeteciendo pecar y te sigue costando hacer el bien. Con ese peso debemos seguir caminando.

Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Tras la absolución, reanudamos nuestra marcha hacia el Cielo. Pero llevamos a cuestas la camilla, el recuerdo de nuestra enfermedad y el peso de una carne inclinada al pecado.

Podemos caminar toda la vida con la camilla a cuestas y, después, aparcarla en el Purgatorio. Pero el aparcamiento requiere un tiempo de purificación, porque la camilla se nos ha pegado a la piel.

O podemos aprovechar las oportunidades para aligerar el peso. Se llaman contrariedades y, aceptadas con mansedumbre y buena cara, son como ángeles que nos quitan la camilla de los hombros. Así nos ahorramos maniobras desagradables de aparcamiento antes de entrar en Casa.

(TOI13J)

Abrir y escuchar en varios idiomas
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad