Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

12 junio, 2021 – Espiritualidad digital

Perfume de mujer

Quien anda calculando los honores rendidos a la Madre, con miedo de acercarlos a los rendidos al Hijo, como si entre ellos hubiera competencia, no ha entendido nada. No sabe quién es la Madre, ni sabe quién es el Hijo. Quien se pregunta, temeroso: «¿no estaré rezando más a la Virgen que a Jesús?» no conoce ni a la Virgen ni a Jesús. ¿Acaso existe algún buen hijo que no se alegre de los honores rendidos a su madre?

El corazón del Hijo y el corazón de la Madre no están enfrentados, porque ni siquiera se encuentran a la misma altura. Todo el Amor de corazón sacratísimo de Cristo se vierte en el corazón inmaculado de María y, desde allí, se nos entrega. Como si fuera un maravilloso embalse, el corazón de la Madre guarda el agua que mana del costado del Hijo y la reparte.

Cuando la Virgen me ama, es el Amor de Jesús es que me entrega, aunque viene perfumado de Mujer. Y cuando yo profeso mi amor rendido a la Señora, ella se lo devuelve a su Hijo, con perfume de Madre y de Esposa.

Una caricia de María es predilección de Cristo envuelta en ternura.

(ICM)

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