Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

9 junio, 2021 – Espiritualidad digital

Brocha gorda, piedad flaca

Un pintor de brocha gorda puede pintar una pared. Pero, con semejante instrumental, no podría pintar un retrato… O sí. Atiza cuatro brochazos de cuatro colores: uno para la cara, otro para el pelo, otro para el fondo y otro para la ropa. ¡Ya está! ¡En tres minutos! Y, si le preguntas dónde están los ojos, y dónde la sonrisa, te dice que eso no importa, que ya se nota dónde está la cara.

Dios no quiere que pintemos una pared; quiere un retrato de su Hijo. Un cristiano no puede ser pintor de brocha gorda: la media hora de oración le dura veinte minutos (¡ya está!), pide perdón a su hermano levantando una ceja (¡él ya entiende!), si llega al Credo le vale la Misa (vale, ¿verdad, padre?), hace la genuflexión como quien recoge un euro del suelo (¡Dios ya me entiende!), y sus rosarios se componen de «ssalvemaríallenasdegracia» (¡que hay prisa!).

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Cuida lo pequeño, por favor. Suelta la brocha y toma el pincel. Que es para Dios el retrato.

(TOI10X)

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