Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

junio 2021 – Espiritualidad digital

La maravilla de ser santo a escondidas

Un árbol, cuando da fruto, es una fiesta. Una vid llena de uvas, o un manzano con sus ramas llenas de alimento, alegran la vista del caminante. Pero no nos llamemos a engaño. Con las almas, las cosas no suceden así.

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos.

Si los frutos de las almas fueran como los de los árboles, acabaríamos confundiendo el fruto con el éxito. Si los frutos de las almas alegraran la vista de quienes los aplauden, distinguiríamos a un hombre de Dios por las multitudes que se apiñan a su alrededor, por su fama de santidad o por las alabanzas que cosecha. Y, después, miraríamos el árbol de la Cruz y quedaríamos desconcertados. Allí los ojos no ven más que tinieblas y fracaso. Parece el «olmo seco, hendido por el rayo, y en su mitad podrido» de Antonio Machado.

Repito: no nos engañemos. Los verdaderos frutos de las almas sólo los ve Dios. Y ¡cómo los celebra!

No hay nada en este mundo semejante a la maravilla de ser santo a escondidas.

(TOI12X)

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Clases de moral para miedicas

Yo soy el camino, y la verdad, y la vidaLa moral es ciencia de sabios, pero –perdonad mi atrevimiento– puede amargarle la vida a cualquiera. La máxima «haz el bien y evita el mal» es zumo de sabiduría sin colorantes ni aditivos. Pero, cuando se trata de cumplirla, nos damos cuenta de que, muchas veces, el bien es arduo y el mal seductor. Y entonces comienza el problema: sabes que, si haces el bien, te sentirás en paz con Dios, contigo mismo, con el cosmos, con el planeta y hasta con tu perrita. Pero ¿podrás hacerlo? ¡Ay de ti!

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida!

El Señor, que quiere mucho a los moralistas, conoce nuestra debilidad. Por eso, además de avisarnos de que la puerta de la vida es estrecha y el camino angosto, también nos dice: Yo soy la puerta (Jn 10, 7) y Yo soy el camino (Jn 14, 6).

Una puerta estrecha y un camino angosto podrían desanimarnos. Aunque sea maravilloso lo que hay detrás, nunca sabes si lograrás alcanzarlo, o si podrás afrontar las renuncias que conlleva. Pero si el camino es Cristo, y la puerta es Cristo, entonces basta un abrazo de enamorado. Moral cristiana.

(TOI11M)

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Déjate mirar, déjate guiar

vigaQuizá sea una de las enseñanzas evangélicas más aceptadas y menos obedecidas:

No juzguéis, para que no seáis juzgados… ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?

No conozco a nadie que no esté de acuerdo. Y tampoco conozco a nadie que lo cumpla. Yo mismo lo estoy incumpliendo, al presumir que vosotros tampoco lo cumplís. Qué lío.

Juzgamos con una facilidad espantosa. ¿Nunca has salido a la calle por la mañana y te ha parecido que todo el mundo era idiota? Tu marido es un xxx, tu mujer es xxx, este hijo tuyo es xxx, los políticos son todos unos $$$@@… En fin, que vemos todas las motas en todos los ojos, y apenas vemos la viga en el nuestro. ¿Cómo vamos a verla, si está tan cerca? A veces nos flagelamos con rabia, y otras (las más) nos justificamos sin merecerlo.

¿Qué haremos? Dejar de mirar, nuestros ojos no funcionan. Y dejarnos mirar; dejarnos mirar por Dios con esa misericordia con que siempre nos mira quien tanto nos ama.

Y pedirle al Señor que retire la viga de nuestros ojos. Pero, mientras la tengamos… dejarnos guiar.

(TOI12L)

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El tembleque interminable

miedoEl relato de san Marcos tiene su gracia. Cuando las olas rompen contra la barca y la llenan de agua, mientras Jesús duerme a pierna suelta, los apóstoles se llenan de miedo. Como nosotros: se nos echan encima, en conjunción de tormenta perfecta, el dolor, el pecado y la muerte. Jesús parece no estar allí, o no escucharnos, o… estar dormido. Viene la angustia, como les vino a los apóstoles. Y los apóstoles –quizá también nosotros– zarandean al Señor: ¿No te importa que perezcamos?

Jesús se restriega las legañas, se pone en pie, calma la tormenta y les reprende: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

Lo curioso es que, después de esto, san Marcos nos cuenta que los apóstoles se llenaron de miedo. ¡Pues menuda gracia! Te mueres de miedo por la bravura de un enemigo y, cuando alguien más fuerte que él lo derrota, te mueres de miedo ante aquella demostración de poder. ¿Qué tiene que suceder para que dejes de temblar?

Que tengas fe. Y que sepas que, al contrario que el poder del pecado y de la muerte, el poder del Señor está de tu lado. ¡Si al menos aprendieras, del Señor, a dormir tranquilo!

(TOB12)

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Los dos señores

Cuando Jesús dice a sus discípulos: no podéis servir a Dios y al dinero, en la palabra «dinero» están incluidos todos los bienes terrenos. Por eso, acto seguido, el Señor exhorta a los suyos a no preocuparse por el alimento, ni por el vestido. Los «dos señores», por tanto, no son Dios y un puñado de monedas, sino Dios y los afanes de este mundo.

Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. Sabiendo quienes son esos «señores», las palabras de Jesús nos resultan más fáciles de entender.

El santo desprecia los bienes de este mundo, tiene en nada todo aquello por lo que los hombres se afanan y trabajan, y, así, su corazón es libre para amar a Dios. San Pablo decía que lo daba todo por perdido y lo tenía por basura con tal de ganar a Cristo.

El hombre de este mundo, en cambio, se dedica a los afanes terrenos: su pensamiento está lleno de problemas, de planes, de urgencias, de agobios… Tan lleno de tierra está su pensamiento, que no hace caso de Dios.

¿Dónde estás tú?

(TOI11S)

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Chispazos de sabiduría

Mi ordenador se cuelga. Los datos de mi teléfono móvil se atascan. El otro día me saltó un cristal de las gafas mientras leía el periódico. Mis digestiones son horribles. Tu marido ronca. Tu mujer se enfada. Tus hijos no estudian. En el supermercado pagué 5 euros de más y todavía no me los han devuelto. Los envíos de paquetes llegan tarde. Tu cuñado te sigue debiendo dinero…

Aquí todo falla. No hay nada, ni nadie, que funcione bien durante todo el tiempo. Y no hay nada, ni nadie, que no se gaste, se estropee, o se muera. La salud se deteriora. La honra se pierde. O lo aceptas desde el principio, o pasarás la vida enfadado. Tú eliges.

No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen. Te lo dice la propia Sabiduría encarnada: si intentas tener tus tesoros en este mundo, lo perderás todo, hasta el buen humor.

Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen. Pero si tu tesoro es Cristo, bienaventurado tú. Cristo jamás te fallará. Y, aunque puedan quitarte todo en esta vida, nada ni nadie podrá separarte del Amor de Cristo.

(TOI11V)

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Santificado sea tu nombre

La mayor parte de las peticiones del Padrenuestro requieren poca explicación. Sabemos lo que pedimos cuando rogamos que se haga su voluntad, que nos dé el pan de cada día, que nos perdone, que nos proteja en la tentación y que nos libre del Maligno. Pero ¿qué significa santificado sea tu nombre?

Lo primero que debes saber, para entender esta petición, es que el nombre de Dios era impronunciable para los judíos. Y así fue, hasta que Dios se encarnó. Desde que Dios se hizo carne, el nombre de Dios es Jesús.

Y ahora me preguntarás: «Entonces, ¿santificado sea tu nombre significa que sea santo el propio Jesús? ¿No es Él el santo de los santos?

Sí… y todavía no. Cristo es ahora Cabeza y cuerpo. Desde el día de tu bautismo, tú eres miembro del cuerpo de Cristo. ¿Eres santo tú? ¿No? Bueno, pues, mientras no lo seas, el nombre de Dios –Jesús– aún tiene que ser santificado en ti. Esa petición se habrá cumplido cuando seas, realmente, otro Jesús, otro Cristo.

Por eso, cuando, en el Padrenuestro, pedimos santificado sea tu nombre, lo que realmente estamos pidiendo es que la vida de Jesús brille en nuestras propias vidas.

(TOI11J)

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