Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

14 mayo, 2021 – Espiritualidad digital

Servite Domino in laetitia

Antes de que el Hijo de Dios bajara a la tierra, el Espíritu había inspirado estas palabras: Servid al Señor con alegría (Sal 100, 2). No se puede, no se debe servir a Dios de otra manera. Desde luego, el servicio divino exige renuncia, sacrificio y, en muchas ocasiones, también dolor. Y es normal que la carne se resienta, que podamos sentir que «no nos apetece» servir a Dios. Pero esa resistencia del hombre viejo a entregar la vida se vence con júbilo interior, porque el corazón está invadido por el gozo: «No me apetece, pero deseo, con todas mis fuerzas, servir al Señor».

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Es la alegría de quien se sabe amado. Soy yo quien os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto. El mismo júbilo que llenó el alma de Matías cuando se supo escogido, porque el misterio de la vocación es un misterio de gozo inefable.

Cuando la vocación se descubre, una prueba cierta de la llamada es la alegría interior. ¿Cómo no alegrarte, si todo un Dios te ha elegido para trabajar con Él?

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