Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

2 abril, 2021 – Espiritualidad digital

Tres horas en doscientas palabras

viernes santo

Cuando Jesús alcanzó la cima del Calvario, ya le habían quitado a Simón el palo transversal de la cruz, y lo clavaban al poste que hincarían en tierra. Desnudaron al Señor, sin quitarle la corona de espinas, y un cuerpo ensangrentado y ennegrecido manó por todas sus heridas, pegadas hasta entonces a las ropas. María tomó la mano de su hijo y lloró. Lloraron ambos mientras se miraban, sin decir palabra. Los separaron. Con tres clavos, cosieron a Cristo al madero. Lo alzaron como un estandarte.

Pasadas las doce, las tinieblas cubrieron el cielo. El luto de la Creación. El centurión, tan bravo al comienzo del Vía Crucis, se estremeció. ¿Quién era ese hombre que apagaba el firmamento como quien sopla sobre una vela?

Tengo sed. Tomó el centurión la lanza, clavó en ella una esponja, y la empapó en la jarra del soldado. «¡Deja, a ver si viene Elías a darle de beber!» El centurión lo miró con desprecio: «¡Idiota!». Y dio de beber a Jesús. Le pareció que sonreía.

Está cumplido. Inclinando la cabeza, entregó el Espíritu. Primero, el aliento. Después, la sangre y el agua. Un Dios muerto derramando vida en la tierra. Pero debemos esperar.

Silencio.

(VSTO)

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