Misterios de Navidad

marzo 2021 – Página 2 – Espiritualidad digital

Santidad y memoria

Me asusta el que tantas personas consideren el ideal de la santidad como el fruto de un esfuerzo moral: «Si quieres ser santo, haz propósitos, lucha por cumplirlos. Si fracasas, comienza de nuevo, no te rindas. ¡Ánimo!»… Todo eso es verdad, y seguramente es necesario, pero la santidad no es eso. ¡No es eso! De nada valen los propósitos y esfuerzos si el alma no está llena de un Amor que la anima. No convirtamos la santidad en deporte olímpico.

Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. ¿Nunca has pasado el día recordando un «te quiero»? Pues, entonces, no has vivido.

La santidad consiste en que Jesús te dice «te quiero» por la mañana. Abres el evangelio, lees su palabra, y la guardas en lo profundo del corazón. Terminas tu oración, pero el «te quiero» sigue ahí. Anima todas tus obras, perfuma cada palabra, colorea cada pensamiento. Si a las cinco de la tarde no recuerdas el evangelio que leíste por la mañana, vas fatal; vuelve a empezar.

Te parecerá arriesgado; a mí no. Ten un solo propósito: No olvidar la palabra de Dios. Lo demás vendrá solo.

(TC05X)

Abrir y escuchar la entrada

Si no creéis que «Yo soy»

Las palabras del Señor, como anticipo de la Última Cena, son una despedida en toda regla: Yo me voy.

Lo que sigue es aún más triste: Me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Jesús se va, está a punto de atravesar el umbral de una puerta que tiene forma de cruz. Muchos lo buscarán, y tratarán de seguir sus pasos; pero, al acercarse al Gólgota, sólo verán muerte, y el miedo los echará atrás. «No quiero tener nada que ver con ése que ha fracasado, que está cubierto de sangre, que está humillado y vestido con esputos; que está desnudo y crucificado entre ladrones», dirán. Y, al alejarse de Él, ellos mismos se irán sepultando en la muerte, porque no hay Vida fuera de Cristo.

Si no creéis que «Yo soy», moriréis en vuestros pecados. Quien mira con fe al Crucifijo ve allí a un Dios entregado que rompe la muerte y nos abre las puertas del Cielo. Ve todo el Amor y el perdón manando del costado. Y no quisiera estar en otro lugar.

Que no te engañen las apariencias. Mira a la Cruz con fe. Que lo parece muerte es vida, y lo que parece vida es muerte.

(TC05M)

Abrir y escuchar la entrada

Por un puñado de piedras

Perdón por la irreverencia, pero no puedo evitar que Jesús, en el pasaje de la pecadora perdonada, me recuerde a Clint Eastwood en una de esas películas de Leone. ¡Qué le voy a hacer!

Alborotados, los escribas arrastran a la pecadora. Gritan, exigen una sentencia cómplice con su intolerancia… Y Jesús calla, se inclina, escribe en el suelo… ¡Sólo le falta el cigarro, no me lo neguéis! (con perdón, ¿eh?).  Ellos gritan más, calla Jesús, suena Morricone… Y Jesús, lentamente, se levanta: El que esté sin pecado, que tire la primera piedra.  Se marchan, avergonzados. Jesús ha ganado el duelo sin apenas desenfundar.

Jesús y la mujer, solos, callados, se miran. Ella, en el suelo; Jesús de pie. Morricone de nuevo. – Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado? – Ninguno, Señor. – Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Se marcha Jesús…

Perdona, Señor. He visto tus lágrimas; sé lo sensible y dulce que eres en tantas ocasiones. Pero conmigo eres como fuiste con esta mujer. Recibo más amor de tus silencios que de tus lágrimas. Y confieso que me encanta. Quizá por eso me gustan Eastwood, Leone y Morricone. ¡Pecador (y fumador) que es uno!

(TC05L)

Abrir y escuchar la entrada

En tierra, o en el molino

Poco antes de su muerte, muchos se acercaban a Jesús con curiosidad. Ya no vemos las concentraciones de enfermos, sino el interés de los curiosos. Por toda Jerusalén se hablaba del Maestro, y unos griegos quisieron saber quién era.

Cuando se lo comunicaron, Jesús pronunció palabras que parecen anunciar el fin de la vida pública: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. A partir de esta hora, Jesús no será el profeta, ni el taumaturgo; será el grano de trigo sembrado en tierra un viernes santo.

Después de Él, muchos mártires han conocido esa misma muerte. Aunque no es la única. Otros granos ven su muerte en el molino, donde son triturados para conformar la harina de la que saldrá el pan.

Pienso en ti, y en mí. Quizá Dios no nos reserve el final de los mártires, pero sí nos llama a la muerte del molino. Déjate moler por tus hermanos, deja que los hombres se coman tu vida y la trituren… Serás, entonces, pan. Serás eucaristía. Serás Cristo.

(TCB05)

Abrir y escuchar la entrada

Contra el polvo de la muerte

Si, en los primeros años de su vida pública, al Señor se le echaban encima multitudes de pobres y necesitados, desde la tercera Pascua –la última– los seguidores de Jesús se fueron alejando mientras sus enemigos se abalanzaban sobre Él.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima… ¿Por qué no lo habéis traído?… ¿También vosotros os habéis dejado embaucar?… ¿También tú eres galileo?…

Es inevitable escuchar, de fondo, el salmo 22: Me aprietas contra el polvo de la muerte (Sal 22, 16). Ese acoso culminará en la Cruz, cuando sus enemigos, hostigados por Satanás, estrellen cruelmente al Señor contra las sórdidas tinieblas de la muerte más infame.

En este sentido, no nos debería ser difícil identificarnos –salvando todas las distancias– con el Crucificado. ¿Acaso nuestros miedos y ataduras, nuestras pasiones y nuestras angustias, no nos aprietan también contra el polvo de la muerte? ¿No ha querido someterse el Señor a ese mismo cerco, para compartirlo con nosotros y mostrarnos una salida?

Señor, Dios mío, a ti me acojo. Líbrame de mis perseguidores y sálvame (Sal 7, 1). A tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31, 6).

Él se ha encerrado contigo. ¿Sabrás ahora salir tú con Él?

(TC04S)

Abrir y escuchar la entrada

Sin rechistar

Me hace gracia eso que se dice a los niños: «obedecer sin rechistar». Lo he oído desde pequeño, pero nunca me pregunté qué significa «rechistar». Significa emitir sonidos, como para comenzar a hablar. Vamos, algo así como «eh… eh…», mientras se levanta el dedo índice de la mano derecha.

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. Definamos ahora «sin rechistar». Y «sin rechistar» significa san José. Escucha el anuncio del ángel, que cambia sus planes por segunda vez: primero soñaba con desposarse con María y tener una prole abundante, como cualquier joven judío; después, tras la conmoción que le produjo el anuncio de María sobre el niño que esperaba, decidió repudiarla en secreto; y ahora el ángel le dice que será custodio del Hijo y la esposa de Dios.

¡Cualquiera le rechista a un arcángel! Y más, si te anuncia que serás el «hombre de confianza» de Dios, que vivirás con la mujer más maravillosa de la Historia, y que el propio Hijo del Altísimo te llamará «papá».

¡Bendito san José, que guardaste a la Virgen y a Jesús! Custodia también nuestras almas, para que jamás rechisten ante los amorosos designios de Dios.

(1903)

Abrir y escuchar la entrada

Los del aceite

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste decir a alguien, en medio de una discusión: «Tienes razón; me has convencido; estaba equivocado»? ¿Lo has dicho tú alguna vez?

Cuando dos personas discuten, las pasiones se encienden, y el deseo que las mueve no es el de obtener luz, sino el de quedar por encima, como queda el aceite por encima del agua. Nada hay más peligroso que tener razón. Cuando un hombre cree tener la razón, se siente autorizado a golpear con su razón el cráneo de su hermano.

Jesús, que es la Verdad, tenía razón. Y no se la dieron. Me refiero a los del aceite, a los de siempre, quizá a ti y a mí, no sé… Pero lo asombroso es que el deseo del Señor no era el de quedar «por encima», sino el de servir. No veo a mucha gente que discuta por servir, salvo a los padres que intentan convencer a sus hijos sobre el buen camino.

Si digo esto es para que os salvéis. El problema de llevar la contraria a quien te dice palabras de vida es que podrás quedar por encima, como el aceite, pero acabas de condenarte a muerte. Pobre idiota.

(TC04J)

Abrir y escuchar la entrada
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad