Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

marzo 2021 – Espiritualidad digital

El fulano desaparecido

Antes traducían «a casa de fulano». No era elegante, pero me gustaba porque me hacía gracia lo del tal fulano. Ahora preferimos la elegancia: Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: «El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa».

Tanto mejor; así no tengo que llamarte fulano. ¿Quién es quien vosotros sabéis? No busques mucho, quien mejor «tú sabes» eres tú. A ti te está diciendo el Señor: Voy a celebrar la Pascua en tu casa.

Espero que, al menos, te portes como Fulano (ahora con mayúscula). Porque él prestó al Señor su mejor sala.

¿Acaso creías que, simplemente, ibas a acercarte a la iglesia para asistir a los Oficios? A la iglesia irás (eso espero), pero Jesús quiere más de ti: quiere celebrar la Pascua en tu casa, quiere que le abras las puertas, quiere entrar e invadirte, quiere convertirte en Sanedrín, en Pretorio, en Vía Crucis, en Gólgota y en jardín de José de Arimatea. Quiere amar en ti, llorar en ti, sangrar en ti, morir en ti y en ti resucitar.

No quiere que le hagas una visita. Quiere una conmoción total de tu persona.

(XSTO)

Quisiera ser Juan

Llevamos, Jesús, unas cuantas semanas santas juntos. Muchas –demasiadas– te vi padecer desde el banco de la iglesia. Tú llorabas, y yo miraba, aunque alguna lágrima surcara mi rostro. Pero llorar a distancia es fácil.

Me levanté del banco, rompí esa maldita barrera y me vi dentro del cuadro. Y fui Judas. En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar… Y, untando el pan, se lo dio a Judas. Yo mismo, que tantas veces me había alimentado con tu pan, pequé, te traicioné y te entregué a la muerte. ¡Cómo no llorar!

También fui Pedro: ¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces. ¡Tantas veces te dije que te amaba! ¡Y tantas, ante la sombra de la Cruz, salí corriendo y te negué por miedo a la muerte!

Este año, Jesús, quiero ser Juan. Él, apoyándose en el pecho de Jesús… Quisiera reclinar mi cabeza en tu costado, callar, guardar cada uno de los latidos de tu corazón y alcanzar, como el discípulo amado, la cima del Gólgota. Quizá, una vez allí, pueda soñar un año con ser Tú.

(MSTO)

Te está pidiendo cariño

Sé que es difícil pensar en un Dios necesitado. Los necesitados –decimos– somos nosotros, y por eso acudimos a Dios, que es la riqueza suma, la omnipotencia y el Amor eterno: para que nos socorra y sacie nuestra hambre de pan y de consuelo.

Pero así no podemos participar en la Semana Santa. El Dios que se hizo carne quiso someterse a nuestra misma pobreza y pasar necesidad. En Semana Santa, el necesitado, el enfermo y el menesteroso es Él. Y –no te sorprendas– nos pide socorro.

Verás al Señor, en esos últimos días, muy necesitado de cariño humano. Cuando María unge sus pies, Jesús se deja consolar y valora el gesto de esa santa mujer: Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura.

Así va a ser durante toda esta semana: Jesús te está pidiendo cariño, quiere compañía, busca cireneos que se arrimen a Él, verónicas que enjuguen su rostro, marías y juanes que le consuelen al pie de la Cruz.

Anda, despierta, que Dios encarnado te necesita. ¿Qué harás para darle cariño, puesto que tanto Amor has recibido de Él? Visita el sagrario, mira al Crucifijo, dile lo que más le gusta oír: «¡Jesús, soy tuyo!»

(LSTO)

Quien no estrena no tiene manos

Ni los discípulos ni los habitantes de Jerusalén tenían la menor idea de que aquella entrada de Jesús en la ciudad santa sería la última. ¿Cómo iban a saberlo? Creían ver una apoteosis, quizá soñaban con un futuro de poder y de riquezas, mientras contemplaban a los pobres y a los niños rendidos a los pies el Maestro: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David!

Pero Jesús sabía que era la última vez que entraba en Jerusalén durante su vida mortal; que aquellas voces pronto se convertirían en gritos de condena; y que el reino que proclamaban tendría una cruz como trono. Por eso dijo: Encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo.

Había llegado a la tierra en un vientre virgen. Saldría de este mundo en un sepulcro nuevo, envuelto en una sábana recién comprada. Su entrada en la ciudad santa, esa última entrada, tenía que ser a lomos de un pollino jamás montado.

Para estos días, Jesús lo quiere todo nuevo. «Domingo de Ramos; quien no estrena no tiene manos». Pero no hablamos de ropa. Cristo quiere tu alma virgen. ¿Estás confesado?

(DRAMOSB)

¡Silba fuerte, buen Pastor!

Mañana comienza la Semana Santa, y será difícil, al rezar las Horas, no emocionarse al recitar el himno: «Bien sé, pastor divino, que estás subido en alto, para llamar con silbos, tan perdido ganado»… ¡Qué imagen tan preciosa, la del Pastor subido a la Cruz para reunir al rebaño! ¿Acaso no había dicho: Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32)?

Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. ¡Hazlo, Señor! Elevado sobre la Cruz, silba, buen Pastor, y atrae hacia ti todos mis sentidos y potencias, mi voluntad, mi memoria, mis afectos, mi entendimiento y, sobre todo, mi mirada. Atrae a todos los que están lejos: atrae a los tibios, y abrásalos; atrae a los muertos, y dales vida; atrae a los vivos, y dales fe… Atrae a todos hacia Ti, oh Señor.

Haz que tu silbido, ese último aliento que entregaste desde el Madero, resuene en todos los templos, rompa sus piedras, quiebre sus puertas, y se extienda por calles y plazas, mercados y escuelas. ¡Silba fuerte, buen Pastor! Despierta a tus ovejas, que están dormidas.

(TC05S)

Verdades como puños

¡Cuánto me gustaría, para mí y para ti, que la gente pudiese decir de nosotros lo que dijeron aquellos judíos de Juan Bautista!:

Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.

Yo no hago milagros; ni convierto el agua en vino, ni devuelvo la vista a los ciegos, ni multiplico los panes… ni falta que hace. Lo que, por la misericordia de Dios, hago son obras mayores: convierto el pan en el Cuerpo de Cristo; perdono, en su nombre, los pecados; llevo vida, por el Bautismo, a las almas muertas… pero nada de eso lo ven los ojos; por tanto, quien busque pirotecnia sobrenatural será mejor que pregunte a otro.

Predico el evangelio. Y todo lo que digo sobre Cristo es verdad. Lo sé, porque nada he inventado: recojo el testimonio de la Iglesia y lo transmito. Y, si estuviera a la altura de lo que predico, debería dejarme matar por defender que todo eso es verdad.

Aunque cometiera pecados terribles, aunque las gentes se escandalizaran de mí, esas mismas gentes también deberían estar a la altura y proclamar: «Éste es un idiota; pero todo lo que ha dicho sobre Cristo es verdad».

(TC05V)

Navidad en plena Cuaresma

llena de graciaTiene gracia esta irrupción premonitoria de la Navidad en plena Cuaresma. Camina el pueblo de Dios hacia el Calvario y, de repente, se planta ante nosotros Gabriel y nos recuerda que faltan nueve meses para Navidad. Abrimos los ojos, cansados del camino, y nos maravillan la Virgen joven, el anuncio gozoso, el Cristo chiquitín encerrado en el vientre de Mamá. Nos restregamos, esperábamos un Jesús crucificado y una Virgen traspasada de dolor. ¿Dónde estamos, realmente?

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. En el mismo lugar, una luz distinta sobre el mismo misterio: el de la Redención. Comprenderás mejor en el Calvario si sabes que la Cruz no fue sino consumación de un sacrificio comenzado en Nazaret.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad (Sal 39, 7-9). El sacrificio del Calvario no es ofrenda de dolor, sino de obediencia. Y esa obediencia comenzó en el vientre de una Virgen que también obedeció. Festeja hoy. Ya sabes cómo unirte al sacrificio. ¿Eres dócil a los consejos del director espiritual?

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