Evangelio 2022

febrero 2021 – Página 2 – Espiritualidad digital

Un billete al desierto para el siglo XXI

Cada primer domingo de Cuaresma, la liturgia nos lleva al desierto:

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días.

Me pregunto si estas palabras siguen teniendo significado para un cristiano del siglo XXI. Para los judíos del tiempo de Jesús, el desierto era un lugar lleno de evocaciones místicas y terribles. Cada año, en Pascua, recordaban el éxodo de sus padres y los cuarenta años durante los cuales Israel convivió a solas con Dios. Fueron años llenos de privaciones y de muerte; pero fueron, también, los años del noviazgo entre Yahweh y su pueblo. Nada fue igual a partir de entonces.

En cuanto a nosotros… Nuestra salida al desierto tiene que ser, necesariamente, interior. Se nos invita a un «retiro», a un apartamiento de todo aquello que perturba nuestra soledad con Dios.

Ayuno, oración y limosna. Un feligrés me ha prestado su billete al desierto: «No comeré entre horas ni tomaré chocolate. El tiempo que dedicaba a mi serie preferida lo emplearé en rezar. Escucharé a quien quiera hablar conmigo, aunque se lleve lo mejor de mi tiempo». Estos son los desiertos donde Dios espera a un cristiano del siglo XXI.

(TCB01)

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No es tan fácil, no

Hablar es fácil. Escribir también. Lo difícil es vivir; y vivir como Dios quiere, más que difícil, es imposible. Sólo el milagro de la gracia puede obrar en nosotros una vida santa… si nos dejamos.

Vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. ¿Cuánto tardó san Lucas en escribir estas palabras? ¿Cuánto he tardado yo en leerlas? Cualquiera podría pensar que la conversión es tan sencilla como escuchar «Ven» y responder «Voy»…

Pero no es así. Rezas, escuchas la llamada del Señor y, muchas veces, te tapas los oídos. «Seguro que es mi imaginación. Dios no puede pedirme “eso”». «Bah, es que este sacerdote exagera. Dios no pide tanto».

Cuando, finalmente, abres el oído, y aceptas que esa llamada de Dios es para ti, te quedas mirando al Señor como un preso tras las rejas de su celda. «Señor, ¡si yo quiero ir contigo! Pero no puedo, estoy atrapado».

Hablar es fácil. Escribir también. Pero, para vivir como Dios quiere, lo mejor es que te arrodilles y reces como rezó san Agustín: «Señor, dame lo que me pidas, y pídeme lo que quieras».

(TC0S)

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El ayuno automático, o el fastidio «porque toca»

La pregunta que le hicieron a Jesús los discípulos de Juan se la podríamos hacer nosotros hoy: ¿Por qué nosotros ayunamos a menudo?

Llega la Cuaresma, y los viernes huevos y pescado. Lo de siempre. Desayunas menos, comes menos dulces, el café sin azúcar… Lo de siempre.

¿Por qué lo haces? No me recites el cuarto mandamiento de la santa madre Iglesia. Repito la pregunta: ¿Por qué ayunas?

Nada más triste que el «ayuno automático», es decir, el fastidio «porque toca». Si no sabes por qué te privas de lo que te gusta, jamás obtendrás lo que deberías elegir a cambio.

Te doy motivos para el ayuno, pero medítalos despacio: 1.– Para expiar tus culpas. 2.– Para desagraviar por los pecados del mundo. 3.– Para unirte a la Cruz de Cristo. 4.– Para hacerte señor de tu cuerpo, y no dejar que te domine. 5.– Para gustar de los bienes espirituales que recibirás en la oración, y que no podrías saborear con el cuerpo tan saturado de placeres terrenos. 6.– Para liberarte de ataduras terrenas que te esclavizan.

Supongo que, después de considerar estos seis motivos, ya no necesitarás atiborrarte de pescado los viernes para poder decir que «has cumplido».

(TC0V)

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Llamas «vida» a lo que es muerte

Me hablaste de ese amigo tuyo, que te había dicho: «Yo no necesito a Dios en mi vida». Y te pedí que le recordaras que va a morir. Eso a lo que él llama «vida» es muerte, porque se acaba pronto y, antes de acabarse, se seca como una planta mustia. Muchos creen que han elegido vivir, cuando lo que han elegido es «ir muriendo».

Eliges apartarte de esa persona que te incomoda. Crees que vivirás más tranquilo, pero has elegido ir muriendo sin él. Eliges dormir la siesta todas las tardes. Y, siesta a siesta, vas envejeciendo, hasta que el dolor de espalda no te deja dormir. Poco después, ya no necesitas siesta. ¡Qué elecciones tan siniestras, las tuyas! Siempre eliges muerte cuando quieres vivir. ¿Por qué no eliges, de verdad, la Vida? Cristo es la Vida.

El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. Por Cristo soportarás gustoso a quien te incomoda. Por Cristo renunciarás a muchas siestas. Por Cristo entregarás la vida, y serás feliz porque lo harás enamorado. Por Cristo cruzarás la muerte como quien cruza una puerta, y con Él reinarás eternamente.

Elige bien.

(TCOJ)

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Cuaresma y sentido del humor

A la Cuaresma se la engloba en eso que la Iglesia llama «tiempos fuertes», y que agrupa también al Adviento, la Navidad y la Pascua. No sé de dónde viene la expresión, ni si el Tiempo Ordinario es considerado «tiempo flojito», pero supongo que es una especie de aldabonazo, para que nos tomemos en serio estas oportunidades de santificación.

Y, para que no creas que «tomarse en serio» la Cuaresma significa caminar con gesto grave y bajar la mirada cuando te cuenten un chiste, el Evangelio te regala una advertencia muy valiosa: Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas.

Ojalá uno de tus propósitos cuaresmales sea cuidar la alegría y el sentido del humor. El sentido del humor es una cosa muy seria, y una de las caridades más valiosas en tiempos en que los hombres están tristes, preocupados y temerosos.

Ayuna y sonríe. Mortifica la carne, ríe y haz reír. La mejor limosna, frecuentemente, es una sonrisa. Reza, y sal de la oración con rostro tan resplandeciente como el de Moisés. Pide perdón de tus culpas, y alégrate como si todas hubieran sido perdonadas.

Tomarte en serio la Cuaresma significa alegrar la vida de quienes te rodean.

(TC0X)

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Levadura, levablanda, levatonta

El acertijo que los discípulos no comprendieron lo explicó Jesús poco después.

En la barca dijo: Evitad la levadura de los fariseos y de Herodes. Creyeron los discípulos que echaba Jesús en falta dos baguettes para la merienda. Por eso, más adelante aclaró el Señor: Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía (Lc 12, 1).

La levadura hincha la masa del pan, y la hipocresía hincha al necio. Empeñado en acaparar aplausos, se viene arriba, se muestra mejor de lo que es, se ensalza a sí mismo, presume de lo que tiene y de lo que no tiene… ¡Pobre idiota! Se cree que es más porque lo tengan en más. Es un actor de comedia barata, que oculta con el attrezzo sus harapos.

Vosotros sois panes ácimos (1Co 5, 7), nos dirá san Pablo. Los hijos de Dios desprecian la levadura del hipócrita, no quieren brillar en este mundo ni ser tenidos en nada. Prefieren ocultarse para que sólo brille Cristo, según lo que está escrito: Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3, 3).

Ojalá tengas en nada la opinión de los hombres. No quieras «inflarte» ante ellos. Sé pan ácimo. Sé Eucaristía.

(TOI06M)

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Esos piadosos amantes de los zombis

Todavía no existía el cine de terror, ni el de catástrofes, pero ese oscuro anhelo de la naturaleza humana por todo lo tremebundo y espectacular ya estaba esperando a que llegaran los zombis y las películas sobre el fin del mundo.

Le pidieron un signo del cielo.

Pedían un pequeño adelanto del Apocalipsis; lo suficiente para unas palomitas y unos estertores. ¡Qué caigan dos o tres estrellas del firmamento! ¡Que se desplome algún monte, a ver si le cae encima al de las cabras! Tampoco hemos cambiado mucho. Aún tenemos cristianos adictos al thriller, que salen de un milagro para buscar un exorcismo, y después del exorcismo recorren el planeta en busca de la última aparición.

Jesús dio un profundo suspiro… ¡Cansáis incluso a Dios!

Se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla. Más que a la otra orilla, se fue al otro extremo, al del Calvario y la Eucaristía. Porque ni en la Cruz ni en la Hostia parece Dios.

Sin embargo… ¡Cómo enamora el Crucifijo! ¡Cómo cautiva el alma la Eucaristía!

Queréis encontrar a Dios en el ruido, pero Dios habita en el silencio. Queréis que os infunda temor, y Él quiere moveros al amor.

(TOI06L)

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