Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

12 febrero, 2021 – Espiritualidad digital

Penitentes difíciles

Para un confesor, hay dos tipos de penitentes que suponen un esfuerzo adicional. Los primeros son los sordos: tras escuchar su confesión, intentas darles algún consejo, pero ellos te piden que hables más fuerte. Miras la fila que hay formada junto al confesonario, y quisiera darle el consejo sólo al penitente. Pero, al final, media parroquia se aplica el consejo y cumple la penitencia.

Los segundos son los que hablan a toda velocidad. Tienes que pedirles que repitan los pecados (no que los vuelvan a cometer, sino que los vuelvan a decir). Al final, lo pasan ellos peor, porque hay pecados de vocalización poco agradable.

Si así sucede con el confesor, ¿qué no sucederá con Dios?

Le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar. ¡Menuda joya! No podía escuchar a Jesús ni hablar con Él. Como tantos: el mundo y la carne taponan sus oídos, y no escuchan la voz de Dios; la palabra ociosa llena sus labios, y no pueden hablar con su Creador.

«Effetá» (esto es, «ábrete»). Abre, Señor, oídos y labios de quienes viven mundanizados. Y, cuando vengan a confesar, ya nos ocuparemos los sacerdotes de gritar a los sordos y hacer vocalizar a los mudos.

(TOI05V)

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