Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

6 febrero, 2021 – Espiritualidad digital

Tiempo entregado, tiempo aprovechado

Cuando Jesús y sus apóstoles, fatigados, quisieron apartarse para reposar un poco y hablar tranquilamente, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles.

Me gustaría deciros que aquellas gentes cambiaron sus vidas tras haber escuchado al Señor, y caminaron en pos de los silbidos del Pastor bueno. Pero, siendo realistas, decir eso sería demasiado atrevido. Muchos no entenderían las palabras de Jesús. Y, entre quienes las entendieran, la mayor parte saldría diciendo maravillas del sermón para, después, seguir haciendo lo que les viniera en gana. Si la predicación de Jesús hubiera tenido efecto inmediato sobre los hombres, Cristo no habría muerto despreciado en una cruz.

Sin embargo, aquella mañana Jesús había renunciado a su descanso por aquellos hombres; se había fatigado aún más con ellos; les había dado unas horas de su vida, y esa ofrenda terminaría de entregarla en la Cruz. Así los redimió. Así fue su Pastor. Así les obtuvo el Espíritu que les permitiera entender y cumplir sus palabras.

La predicación es necesaria… Pero las almas se redimen con sangre.

(TOI04S)

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