Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

4 febrero, 2021 – Espiritualidad digital

Anacoretas de salón

Se me quejan algunos de que siempre hay alguien rezando en la iglesia; ellos quisieran estar solos junto al Santísimo. Y me parece un deseo muy romántico, pero también me parece una idiotez. Pocas veces he experimentado tanta intimidad con el Señor como en la Basílica del Salvador, en Jerusalén, subido a la roca del Calvario, y recogido en oración mientras decenas de personas pasaban, hacían fotos, hablaban e incluso discutían entre ellos. Salvo por las fotos, ¿no debió ser ése el ambiente que allí reinó mientras Jesús colgaba de la Cruz?

Los fue enviando de dos en dos. Podía haberlos enviado de uno en uno, y hubiese tenido doce misiones en lugar de seis. Pero los envió de dos en dos porque no es bueno que el hombre esté solo (Gén 2, 18). Hasta los antiguos anacoretas se acababan viendo rodeados de cristianos que les pedían consejo y auxilio espiritual.

No hay santidad sin hermanos. Dios quiere que tengamos siempre cerca a alguien a quien amar, es decir, a quien soportar. ¡Quién sabe si, al emparejar a los apóstoles, Jesús hizo caminar juntos a los menos afines!

Mira a tu prójimo; el camino hacia Cristo pasa siempre por él.

(TOI04J)

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