Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

febrero 2021 – Espiritualidad digital

Otra forma de enfrentarse al dinosaurio

Es buena práctica la de realizar ejercicios espirituales en Cuaresma. Te la aconsejo. Los seglares no podéis ausentaros muchos días de casa, pero hay multitud de ofertas de ejercicios de fin de semana que seguro que se adaptan a tu agenda con un poco de esfuerzo. Vale la pena.

Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Sucede, cuando se hacen bien los ejercicios espirituales, que el alma se abisma en una paz tan grande y tan llena de Dios que el fin de semana se encoge, y uno quisiera permanecer allí, como Pedro quería vivir en el Tabor. En realidad, no puedes, debes volver a tu lugar, a tu familia, a tu trabajo… Pero te atrapa cierta «pereza», incluso cierto temor de perder lo que en los ejercicios has ganado. Es normal.

¿Recuerdas aquel relato brevísimo de Monterroso? «Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí». Pues eso: cuando vuelves de ejercicios, tus problemas siguen allí. El dinosaurio es el mismo que dejaste. Pero has cambiado tú, y puede que, al volver, incluso le des un besito al dinosaurio en el hocico.

¿Ya te has decidido? ¡Venga!

(TCBO2)

Como el agua en el vino

Si Dios nos hubiera dicho: «Sed buenos chicos», cualquiera, con un poco de esfuerzo, podría estar a la altura. Pero Jesús no nos ha invitado a ser buenos chicos, sino que ha dicho: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. Y esa medida no está al alcance de ningún mortal. ¿Qué haremos, entonces?

Deja que trate de explicártelo, aunque tenga que inventarme un «palabro». ¿Te has fijado en lo que hace el sacerdote antes de ofrecer el vino en la santa Misa? Toma una gota de agua y la vierte en el cáliz. Y ¿sabes lo que le sucede a esa gota de agua? Que se «envina», es decir, queda sumida por el vino hasta el punto de que ella misma se convierte en vino.

Tú no puedes nada. Comparado con Dios, eres menos que una gota de agua. Pero cuando el alma se abisma en Dios y se sumerge en Él, resulta endiosada.

No reces, ni leas el Evangelio, como quien está frente a él. Sumérgete en Dios, abísmate en Él, báñate en la vida de Cristo. Entrégate del todo, deja que Dios te devore, y quedarás endiosado. No serás perfecto, sino que Él será perfecto en ti.

(TC01S)

Conversiones y perversiones

El buen ladrón. Algunos dirán que «así, cualquiera»: toda la vida robando, y diez minutos de piedad al final del camino le obtuvieron el cielo. Yo prefiero pensar que menos mal, que benditos diez minutos, porque menuda pena de vida había llevado. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez. Vale también para quien se «arregla» con el demandante en los últimos diez metros. ¡Bendito sea Dios!

Lo contrario: Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió (Ez 18, 26). Pero si un justo se pervierte en el minuto 90 del partido, deja claro ante la afición que era un tibio. Si hubiera sido fervoroso, no se hubiera pervertido.

Puedes pasar la noche mirando al Oriente en espera del alba, y darte la vuelta diez minutos antes de que amanezca; pocas ganas tenías, entonces, de ver el sol. O puedes pasar la noche borracho, escuchar un aviso antes del amanecer, y recibir llorando la luz. Pero lo mejor es pasar la vida suspirando por Dios, y verlo llegar con gozo a la hora de la muerte.

(TC01V)

Cosas buenas, cosas urgentes, cosas estúpidas

Pedí al Señor que curase a mi amigo enfermo, y Dios me concedió su confesión y su partida al Cielo. Pedí al Señor que me librara de aquel sufrimiento, y Dios me concedió padecerlo con paciencia junto a su Hijo crucificado. Yo pedía cosas urgentes, y Dios me concedía cosas buenas. Tardé en entenderlo, pero, una vez lo entendí, no he dejado de dar gracias.

Pedid y se os dará… si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Dios quiere darte, también a ti, cosas buenas. Está deseando que se las pidas, pero tú estás demasiado ocupado pidiendo cosas urgentes. No te diré que dejes de pedirlas, pero te invitaré, una vez más, a desear las buenas. Le preguntó Dios a un alma que pedía encontrar trabajo: «¿Qué prefieres que te dé, un trabajo o la liberación de ese pecado que te esclaviza?» Respondió el parado: «Señor, ahora dame trabajo, y de ese pecado hablamos después, cuando tenga dinero y pueda pensar en esas cosas».

Pides comida, pero deberías pedir hambre: hambre de Dios. Es lo que más necesitas.

(TC01J)

Ni Jonás se atrevió a tanto

La conversión de los ninivitas fue algo asombroso. Normalmente, las cosas no suelen suceder así. Si yo entro en una casa de juego llena de ludópatas –por no referirme a otros ambientes– y grito: «Dios os incendiará el garito porque sois unos pecadores», lo normal es que se organicen apuestas sobre cuántos huesos míos acabarán rotos tras la paliza. Pero Jonás advirtió a los ninivitas que Dios los iba a destruir, y los ninivitas se convirtieron sin haber presenciado más signo que la palabra de un pobre hombre. Impresionante.

Ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cristo es mucho más que Jonás. Jonás pedía que los hombres se convirtieran a Dios, y Cristo quiere se conviertan a Él. Jonás no hizo ningún signo, pero Cristo se mostrará despreciable en la Cruz.

Nuestra conversión no es al Dios que amenaza con fuego, sino al Crucifijo. Consiste en mirar a la Cruz, contemplar al que perdona, al que soporta la humillación, al que sirve, al que se entrega… Es la conversión del buen ladrón, y la de san Juan. Eso es mucho más –y mucho más dulce– que lo que pedía Jonás.

(TC01X)

Palabras como gotas de lluvia

«Un padrenuestro por las intenciones del Papa. Otro por los enfermos. Otro por los pecadores. Otro padrenuestro…» Bien, muy bien. Y no te olvides de otro padrenuestro por mí, por favor; falta me hace. Pero espero que, además de disparar padrenuestros al cielo como flechas, te estés también dejando herir por ellos al paso por tus labios. El Padrenuestro es mucho más que una herramienta para obtener ayuda de lo alto.

Vosotros orad así: «Padre nuestro que estás en el cielo»… El Padrenuestro son palabras de Jesús posadas en tus labios, como la lluvia del cielo se posa en la tierra. Y, antes de devolvérselas a Dios, deberías dejar que calaran, como el agua, y llegaran a empapar el corazón. Allí desplegarán toda su fuerza, y te fecundarán con los sentimientos de Cristo. Y entonces, cuando se las envíes de vuelta a Dios, se cumplirá lo escrito:

Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo (Is 55, 10-11).

(TC01M)

No estamos en venta

A lo largo de los siglos, la promesa que Jesús hizo a Pedro ha sido, para la Iglesia, una garantía de que su esperanza no se vería defraudada:

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Algún ingenuo (si alguno queda) podría pensar que, fundada en esa esperanza, la Iglesia permanecería a cubierto de todas las tempestades. Pero ciertas ingenuidades se curan leyendo, y cualquiera que se haya asomado a la Historia sabe que no ha sido así. Aunque la Iglesia ha permanecido firme durante veinte siglos, el cumplimiento de la promesa ha sido de todo menos pacífico. La barca de Pedro se ha tambaleado, se ha visto cubierta por las olas, ha hecho aguas por mil sitios, y los vientos la han hecho zozobrar hasta casi hundirla.

Hoy, el «poder del infierno», quizá por vez primera, tiene rostro amable. Satanás se ha maquillado bien. Y tienta a la Iglesia con la corrección política. «No quiero que desaparezcas» –le dice–, «sólo quiero que no desentones en Netflix. Adáptate a los tiempos, y yo me encargaré de que brilles como nunca».

Saldremos también de ésta; seguro. La Cátedra de Pedro no está en venta.

(2202)

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