Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

20 enero, 2021 – Espiritualidad digital

Muchos sábados más tarde…

Aquel primer sábado, tras haber creado cielo y tierra, lo pasó Dios complacido, viendo que todo era bueno, y descansó en la obra de sus manos.

Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Miles y miles de sábados más tarde, Dios, revestido de carne humana, miró de nuevo la obra de sus manos, que Él había entregado a los hombres, y vio que todo estaba roto. Lloró en su corazón, y su dolor fue compasión para el enfermo: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida.

Pero ese dolor de Dios, que fue compasión y sanación para el pobre, se convirtió en indignación hacia los fariseos, a quienes contempló con una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón. Esa dureza de corazón había sido, precisamente, la que había causado estragos en el mundo.

El enfermo obedeció a Jesús, extendió la mano y quedó curado. Los fariseos se resistieron, y con ellos nada pudo hacer el Señor.

Al hombre herido lo salva Dios; nadie puede salvarse a sí mismo. Pero, para salvarlo, Dios necesita su obediencia y docilidad. ¿Quieres ser curado? Obedece. Deja que la compasión de Dios pueda sanarte.

(TOI02X)

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