Misterios de Navidad

8 enero, 2021 – Espiritualidad digital

¿Por qué? ¿Para qué?

Desde el pasado 25 de diciembre, una sola noticia debería acaparar la atención de los hombres: Dios nos ha entregado a su Hijo.

El buen investigador, ante la noticia, se pregunta el por qué y el para qué. ¿Por qué ha sucedido? ¿Qué intención movió al autor, para qué lo hizo?

La primera pregunta la responde san Juan: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito (Jn 4, 9). Dios me ha enviado a su Hijo porque me ama. Si quiero seguir adelante, y pregunto a Dios: «¿por qué me amas?», encuentro un abismo ante el que sólo puedo estremecerme; no lo puedo sondear. «Te amo porque te amo».

La segunda pregunta la responde san Marcos: Pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Dios me ha enviado a su Hijo para que me alimente y alimente a los demás. No puedo recibirlo sin entregarlo; no puedo comer Cristo sin dar Cristo. Y mi forma de dar Cristo es ser Cristo y dejarme comer.

En Belén, la «Casa del Pan», los cristianos somos los camareros de la Humanidad.

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