Misterios de Navidad

7 enero, 2021 – Espiritualidad digital

¡Qué afán de protagonismo!

Caminas a oscuras por un pasillo y, de repente, desde el otro lado, alguien enciende la luz. ¿Qué haces? Te vuelves. Es decir, te conviertes, porque convertirse significa girarse para mirar.

A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. Vivíamos entre tinieblas. No veíamos y, por eso, preferíamos palpar; lo que no podíamos tocar no lo creíamos, y aun lo que tocábamos procurábamos tocarlo fuerte, para estar seguros de que pudiera sostenernos.

Y, de repente, Dios nos encendió la luz: Convertíos. Es Cristo, el Hijo, la Luz: «Volveos hacia Mí». Nos giramos, lo miramos, y ya no podemos apartar de Él nuestros ojos. ¡Pobre Tomás! ¿Para qué tocar? Las manos estropean la hermosura que asombra la mirada.

Convertíos… «Volveos hacia Mí». ¡Qué afán de protagonismo! Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32), Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré (Mt 11, 28), El que tenga sed, que venga a mí y beba (Jn 7, 37). Pero nunca el afán de protagonismo estuvo más justificado: Cristo es el Amo de la Historia. Quien no lo mira, pierde soberanamente el tiempo.

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