Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

2 enero, 2021 – Espiritualidad digital

Genuflexiones como besos

Aun siendo «el mayor de los nacidos de mujer», Juan se sabe el último eslabón de la antigua Alianza, el que enlazaría a Israel con el Mesías que viene a instaurar el reino de Dios. Y por eso se siente indigno ante el Cordero.

En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia. Para desatar la correa de las sandalias de un niño es preciso hacer una genuflexión. La Virgen María hacía una genuflexión cada noche, mientras desataba las sandalias del Niño Dios.

Venite, adoremus!!! La adoración es la respuesta natural del hombre ante el misterio de la Encarnación del Verbo. Y es, también, un buen propósito para estos días. Hagamos bien la genuflexión ante el sagrario; no sólo con temor, sino con cariño, con mucho cariño, con la misma ternura con la que desataría la Virgen la correa de las sandalias de Jesús. El que ha nacido es Rey y, por eso, nuestras genuflexiones deberían tener la elegancia del protocolo palaciego. Pero el que ha nacido también es Niño y, por eso, nuestras genuflexiones tendrán la ternura de un beso.

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“Misterios de Navidad

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