Misterios de Navidad

26 diciembre, 2020 – Espiritualidad digital

Cuerpo entregado y ojos cautivos

EstebanTus ojos deberían estar gozando, desde ayer, un dulce cautiverio. Amaneció en un establo olvidado, y ese Sol que no deslumbra quiere secuestrar amorosamente tu mirada. La luz que ahora llena tu alma te ha convertido en Belén viviente. El mundo sigue girando, se suceden noticias y suenan voces… Pero tu atención no debe apartarse del pesebre y, por eso, tu dicha no se apaga.

Nada os preocupe (Flp 4, 6), dice el Apóstol. ¿Qué puede preocuparte, si tienes frente a ti al Rey de reyes y sabes lo mucho que te ama? Mientras el mundo persigue al cristiano, él anda despreocupado de lo que digan, de lo que esperan de él, de lo que pueda sucederle, y hasta de sí mismo, porque su mirada está en Dios, y eso le hace muy feliz.

Imagino a Esteban sonriendo por dentro mientras lo lapidan; él ve el cielo abierto y entrega su espíritu a Dios. Por eso su rostro les pareció el de un ángel (Hch 6, 15).

El que persevere hasta el final se salvará. Esa perseverancia, de la que habla Jesús, no consiste en apretar los dientes, sino en mantener la alegría, en dejar los ojos presos en Belén.

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