Misterios de Navidad

21 diciembre, 2020 – Espiritualidad digital

A cielo abierto

El encuentro gozoso entre María e Isabel lo imaginamos siempre con el cielo como bóveda; casi ningún pintor lo ha representado como escena «de interior». Es lógico, porque no hay lugar cerrado que pueda albergar tanta alegría.

María entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Quienes hemos estado allí, en Ain-Karem, lo tenemos más fácil para representarnos la escena. María cruza la puerta del jardín y, desde fuera, grita el nombre de Isabel. La anciana, al escucharlo y sentir los brincos de Juan en su vientre, sale al jardín y recibe allí a la Virgen: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

Vedlo parado tras la cerca, mirando por la ventana, atisbando por la celosía (Ct 2, 9).

Va por ti. Faltan cuatro días para Navidad, y la Virgen, que lleva al Niño en sus entrañas, te está saludando. ¿Por qué no sales? ¿Por qué no dejas todas esas cosas en las que andas enredado y, dejando atrás tu propia vida, te apresuras a recibirla con un abrazo de alegría? Después la invitas a entrar, y ella dará a luz en tu alma a su Hijo. Será la mejor Nochebuena de tu vida.

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