Misterios de Navidad

29 noviembre, 2020 – Espiritualidad digital

¿Queda alguien despierto?

¿Cuántos cristianos quedan sobre la tierra que miren al cielo cada mañana, anhelando la llegada del Señor? ¿Cuántos desean ardientemente que Cristo vuelva hoy? ¿Cuántos, si se les anunciara que, dentro de diez minutos, este mundo se disolverá, y Cristo aparecerá sobre las nubes, se alegrarían, y no pedirían una prórroga, hasta que concluya la serie que están viendo en televisión? ¿Queda alguna virgen despierta, al menos entre las sensatas?

Temo que hayamos desnaturalizado el cristianismo; que estemos viviendo una religión más terrena que celeste, no orientada a la bienaventuranza, sino empeñada en construir en este mundo un paraíso de poesías, eslóganes y deseos tan buenos como mediocres. Esa religión ya no sabría gritar: Marana Tah!

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa. Cuando dejamos de añorar el rostro de Cristo, ese día, y no otro, nos dormimos. Y soñamos con un mundo mejor, en lugar de soñar con la noche en que cielos y tierra desaparezcan para dejar paso a ese cuerpo sagrado, a ese rostro luminoso, a esos ojos radiantes por los que jamás debimos dejar de suspirar.

¡Arriba! Despertemos, encendamos nuestras lámparas. El grito del Adviento debería hacernos estremecer: ¡Viene el Señor!

(TAB01)

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