Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

octubre 2020 – Espiritualidad digital

La cátedra de Dios

Es sábado. Y, muy unidos a la Virgen santísima, meditamos en silencio la Pasión y muerte del Señor, que contemplamos ayer. Los sábados deberían ser días marianos y silenciosos.

Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba».

Convidado por el Espíritu, quien clamó durante siglos desde las Escrituras santas, el Hijo de Dios vino al banquete de muerte de este mundo maldito. Quiso nacer pobre, en un establo, rodeado de animales e ignorado del mundo. Pero no tenía bastante. Buscaba el último puesto, y lo encontró en el Gólgota. Injuriado, cubierto de ultrajes, despreciado y azotado, se recostó en la Cruz como si se hubiera sentado en la cátedra de Dios.

Hoy callamos. Guarda silencio la Virgen, y oramos nosotros. La parábola todavía no ha terminado de cumplirse. Por eso, esperamos. El mismo Espíritu que convidó al Señor lo visitará, y le dirá: Amigo, sube más arriba. Y resucitará Cristo, vivificado en el Espíritu (1Pe 3, 18).

Le presentamos a María nuestros deseos: queremos seguir los pasos de Jesús. Él es quien nos convida ahora a su banquete. Y quisiéramos sentarnos a su lado.

(TOP30S)

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Operación rescate

¿Cómo rescatarías tú a un asno que se ha caído en un pozo? Desde luego, con una redecilla de ésas que se usan para sacar hojas secas de la piscina no creo que pudieras. Consigue cuerdas, baja al pozo, ata las cuerdas al burro y, después… a ver si, entre cuatro, lográis levantarlo. Ya ni te cuento, si el asno está medio ahogado y tienes que hacerle el «boca a boca». Y todo eso en sábado, cuando la ley de Dios prohíbe trabajar. Desde luego, hay sábados en que es mejor no levantarse de la cama.

¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?

Ayer se nos desmayó una mujer en misa, durante la comunión. No fue un éxtasis, fue una bajada de tensión. La misa tuvo que detenerse hasta que nos aseguramos de que se había recuperado un poco. ¿Imagináis que hubiese dicho: «Dejadla como está –inconsciente, tirada en el suelo–, y después la atenderéis»? No. No lo imagináis. Ni yo tampoco.

Mirad: si nuestros «deberes religiosos» no nos acercan a los hombres, sino que nos alejan de ellos, algo estamos haciendo mal.

(TOP30V)

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Sociedades estériles

Sobre Jerusalén pronunció Jesús una sentencia terrible: Vuestra casa va a ser abandonada. Menos de cuarenta años después de estas palabras, Jerusalén había sido arrasada por los romanos.

Pero Jerusalén no era sino anuncio de un pecado y un castigo. Cuando un alma, o una sociedad entera, se niega a acoger a Cristo, el Salvador del hombre, se condena a sí misma a la esterilidad. Por el mismo motivo, el premio del alma o la sociedad que acoge al Señor son los frutos abundantes de vida eterna, en hijos y en obras.

Una vida sin Cristo es la vida de una piedra, incapaz de dar a luz. La piedra puede ser muy aparente, podemos convertirla en una estatua colosal, podemos barnizarla y emplearla como pisapapeles en un despacho, o podemos golpear con ella a nuestros enemigos… Pero, por mucho ruido que haga, por mucho brillo que refleje, sigue siendo estéril. Ninguna piedra tuvo hijos jamás.

La vida de quien acoge a Cristo como salvador, sin embargo, es la de un crucificado. A los ojos del mundo, es despreciable, y parece abocado a la muerte. Pero está redimiendo la tierra, alcanzando vida eterna, y alumbrado para el Cielo multitud de hijos.

(TOP30J)

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Apóstoles y repartidores de pizzas

Para un repartidor de pizzas, comer pizza debe ser un ejercicio estomagante. La pizza no es su alimento, sino la carga que lleva sobre los hombros durante horas. Y cuando, terminado el trabajo, al fin puede sentarse a cenar, supongo que preferirá cualquier manjar menos la pizza. (Si algún repartidor de pizzas está entre mis lectores y cena pizza cada noche, le pido perdón por el patinazo).

Todo esto viene a cuento de que el apóstol no es un repartidor de pizzas. Ni mucho menos de Evangelio. Proclamar la buena noticia no es un trabajo duro que nos han asignado. No recogemos el Evangelio a las nueve, lo repartimos hasta las seis, y después nos dedicamos a ver series de TV para relajarnos. Somos, en palabras de san Pablo, miembros de la familia de Dios (Ef 2, 19).

Escogió de entre ellos a doce. Nosotros hemos sido escogidos para vivir cerca del Señor, para ser sus íntimos, y eso debería emocionarnos y llenarnos de gratitud. La emoción y la gratitud, precisamente, traen el nombre de Cristo a nuestros labios lleno de amor, porque anunciamos lo que amamos. Y, cuando lo hemos anunciado, llegamos a casa y cenamos Evangelio. Nos encanta.

(2810)

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¿Por qué no transformamos los ambientes?

Siempre que escuchamos la parábola de la levadura en la masa pensamos en el mundo, y en cómo los cristianos deberíamos, por la santidad de nuestras vidas, hacerlo fermentar en amor a Cristo. Pero el mundo sigue despreciando al Salvador, aunque los cristianos siguen acudiendo a los templos los domingos. ¿Por qué no contagiamos nuestra alegría? ¿Por qué, después de dos mil años, no hemos hecho fermentar la Tierra?

Quizá tengamos que leer de nuevo la parábola y, antes de llevar los ojos al mundo, meditar si se está cumpliendo en cada uno de nosotros.

Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó. El día tiene veinticuatro horas. Si, a lo largo del día, espolvoreases media hora de oración por la mañana, el rezo del rosario por la tarde, unos minutos de lectura espiritual al mediodía, y la santa Misa cuando mejor te venga, esas prácticas de piedad serían como levadura que harían fermentar el día entero. Al cabo de un tiempo, te encontrarías rezando mientras comes, mientras conduces, mientras trabajas… ¡mientras duermes!

Pero si los cristianos no hemos sido fermentados primero… ¿cómo pretenderemos hacer fermentar al mundo?

(TOP30M)

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La mujer encorvada y el Crucifijo

En aquella mujer que se encontraba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo, los ojos del Señor vieron a la Humanidad entera. Después del primer pecado, el hombre quedó vuelto hacia la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo, y al polvo volverás (Gén 3, 19). Con los ojos siempre mirando al suelo, incapaz de erguirse para orientar la mirada a lo alto, quedaron Adán y sus hijos «enterrados», cubiertos de tierra por todas partes.

Pregunta a la gente por sus preocupaciones: el dinero, la enfermedad, el trabajo, las contrariedades de esta vida, los planes para el mañana y los sueños rotos de hoy… Tierra, tierra, tierra. El hombre está encorvado, y no se puede enderezar. ¿A quién le preocupa el Cielo, quién sueña con la eternidad, a quién le brillan los ojos mientras mira a Dios?

Contempla, ahora, al Crucifijo. Ese cuerpo humano, erguido y abierto, con los brazos extendidos y la mirada en alto, es lo contrario al cuerpo maldito de aquella mujer.

Mujer, quedas libre de tu enfermedad. «Ahora alza los ojos, extiende tus brazos junto a los míos, y acoge tú mis dolores, como he acogido yo los tuyos». Ojalá vivas crucificado con Cristo.

(TOP30L)

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Ama, y haz lo que quieras

No todos entienden esa frase de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras». Algunos la emplean para justificar desmanes y pecados, siempre con la excusa de haber obedecido los dictados del corazón. Pero san Agustín no nos invita a obedecer al corazón, porque el corazón humano está enfermo. San Agustín nos invita a abrasarnos en el Amor más grande, de modo que sigamos, en todo, los dictados del corazón de Cristo.

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

En ocasiones, el amor a «según qué» prójimos te resultará imposible. ¿Cómo amar a quien te ha hecho daño, a quien te ha destrozado la vida, a quien habla mal de ti…? ¿Crees que lo lograrás a base de esfuerzo? No te garantizo el éxito.

Sin embargo… prueba a amar más a Dios. Reza más, comulga más, confiesa frecuentemente. ¡Es tan fácil encenderse en el Amor! Y, una vez encendido, te sorprenderás mirando a «ese» prójimo con un cariño que no es tuyo. Entonces… ¡Ama, y haz lo que quieras!

(TOA30)

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