Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

septiembre 2020 – Página 2 – Espiritualidad digital

El mayor de los milagros

¿Vino Cristo al mundo para sanar las enfermedades corporales? Desde luego, no. De haber sido así, habría que concluir que sólo cumplió su misión en una ínfima parte; cuando se marchó, la mayor parte de los enfermos de la tierra no habían sido curados. Cristo curó algunas enfermedades del cuerpo; pero fue para anunciar el éxito de su verdadera misión: la sanación de las almas, enfermas de pecado.

Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. También a los apóstoles les dio el Señor poder para curar enfermedades corporales, y fue con el mismo propósito: anunciar el perdón de toda culpa.

Tras la resurrección del Cristo, el poder de los sacerdotes es mayor que el que entonces tuvieron los apóstoles. A través del bendito sacramento de la Unción, los presbíteros unimos las enfermedades de los hombres a la Pasión de Cristo, y las convertimos en vida eterna. ¡Claro que también hoy son curados en su cuerpo algunos enfermos! ¡Si yo te contara! Pero ya no es ése el mayor de los milagros. El mayor de los milagros es alumbrar vida eterna en enfermos de cuerpo y de alma.

(TOP25X)

Soledades e intimidades

«¡Ojalá hubiese vivido en Israel en tiempos de Cristo! ¡Ojalá hubiera podido ver su rostro!» Lamento decepcionarte, pero la mayor parte de quienes quisieron ver al Señor se quedaron con las ganas. Eran tales las multitudes que lo rodeaban, que ni la Virgen santísima logró acercarse a su Hijo.

Vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. ¿De verdad crees que hubieras sido tú más que ella? Francamente, no estoy seguro de que me hubiese gustado vivir en Israel durante aquella época.

Pero llegó una hora en que las multitudes, aterradas, se echaron atrás. Y Jesús subió solo a la Cruz. Entonces pudo abrirse paso la Virgen, y confortar al Hijo a quien todos despreciaban. Ese es tu momento, y el mío: la Cruz.

Y el sagrario. ¡Está tan solo Jesús en los sagrarios! Como en la Cruz, nadie te perturbará, nadie te robará esa intimidad. Acompáñalo allí, visita al Santísimo todos los días. Tus ojos seguirán añorando el rostro del Señor, pero tu alma, que ve a Jesús en la Hostia, los consolará con la esperanza del Cielo. Benditos y adorados sean todos los sagrarios del mundo y sus silencios.

(TOP25M)

Rezando y recordando

Cuentan que san Mateo, tras la dispersión de los apóstoles a la muerte de Esteban, predicó el Evangelio en Etiopía y murió mártir allí. Poco sabemos de la vida del santo en aquellas tierras, pero, con toda seguridad, muchas veces, en su oración, recordaría ese primer momento en que su vida cambió por completo.

Vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Aquella mirada del Señor, y la voz cariñosa e imperativa a la vez con que lo llamó quedaron, a buen seguro, grabadas a fuego en su alma. Como el primer encuentro de unos enamorados, Mateo lo escudriñaría con lágrimas muchas veces.

¿Y tú? ¿Recuerdas tu primer encuentro? Quizá caminaste lejos de Dios durante años, o, quizá, desde pequeño frecuentaste la iglesia. Pero hubo un momento (un día, una hora, un lugar, un mes o un año) en que percibiste, con claridad, el Amor único de Dios por ti. Aquella llamada cambió tu vida. ¿Vuelves sobre ella? ¿La recuerdas, de cuando en cuando, en oración?

Hazlo. Así darás gracias, te afianzarás en ese Amor, y, también, podrás examinarte y preguntarte si has sido fiel.

(2109)

¿Para quién trabajas?

Cuando san Martín de Tours estaba a punto de morir, sus sacerdotes le rogaron que se quedara con ellos. Y, aunque él ardía en deseos de ver a Dios, levantó la vista al cielo y exclamó: «No rehúso el trabajo». San Pablo, que también ardía en deseos de ver a Dios, escribió: Deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros (Flp 1, 23-24). Tanto san Martín como san Pablo trabajaban para Cristo, y estaban dispuestos a prolongar su jornada para servir a tal Señor.

Id también vosotros a mi viña. ¿Y tú? ¿Para quién trabajas? ¿Trabajas para Dios, trabajas para ti, o divides tu tiempo «equitativamente» entre ambos? ¿O estás ocioso?

Al organizar tu tiempo… ¿Reservas, entre tus múltiples tareas, un tiempo para Dios? ¿O le entregas a Dios tu agenda, y dejas que Él se adueñe de tus horas?

¿A qué has renunciado por Cristo? ¿Qué has sacrificado por Él?

¿Quién es tu jefe? ¿A quién obedeces, a ti mismo, o a Dios? ¿Tienes dirección espiritual?

¿Te cansas por Dios?

¡Cuántas preguntas! Y todas se resumen en una: ¿Para quién trabajas?

(TOA25)

Eres un pueblo

Normalmente, escuchamos la parábola del sembrador e imaginamos a cuatro grupos distintos de personas, uno por cada terreno. Pero tú mismo eres un pueblo. Y no estaría mal que conocieras el mapa de tu propia geografía.

Algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Si la palabra queda en la carne, en un mero vibrar del tímpano, los demonios se la llevarán sin que cunda.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Si recibes la palabra en la tierra de los afectos y emociones, donde todo es impulsividad, brotará deprisa, pero, como los propios impulsos, se secará rápidamente.

Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Si recibes la palabra en la inteligencia, son tantos los afanes que llenan tu pensamiento, que se perderá entre ellos.

Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno. Pero si recibes la palabra en la tierra silenciosa del hondón del alma, como la Virgen, dará fruto abundante.

Para hacerlo así, mientras Dios habla… ¡Calle toda carne ante el Señor! (Ha 2, 20).

(TOP24S)

Inconvenientes de llevar 10.000 € en la cartera

Si pierdes la cartera en un taxi, y en la cartera llevabas diez mil euros (¿qué irías a hacer tú con diez mil euros en la cartera?), te llevas un buen disgusto. Pero si, al cabo de una hora, te llama el taxista y te devuelve la cartera perdida, le das al buen hombre cincuenta euros como recompensa. Los otros 9.950 te los guardas (¿qué irás a hacer con ellos?).

No puedes entender a las santas mujeres. Ellas juegan en «otra liga».

Jesús iba caminando acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades. Estas buenas mujeres no habían perdido diez mil euros en un taxi; habían perdido la vida entera. Y Jesús se la devolvió. Como muestra de gratitud, no hicieron la promesa de viajar descalzas a Santiago, o de rezar el Via Crucis todos los viernes. Puedes hacer todo eso, y después vivir el resto de tu vida como te dé la gana. Ellas, sin embargo, le entregaron a Jesús su vida entera, la que habían perdido, y, en adelante, la vivieron sólo para Él.

¡Benditas almas generosas y enamoradas, que están llamadas a perfumar de Dios el mundo!

(TOP24V)

No serás perdonado si no te postras

La mujer pecadora se postra a los pies del Señor, y con sus lágrimas le enjuga los pies. Simón, el fariseo, se escandaliza, y Jesús justifica a la mujer: se porta así porque se le ha perdonado mucho. Pero le echa en cara a Simón sus faltas de cortesía: ni lo había besado, ni lo había ungido. Trayendo el ejemplo a nuestros días, es como si yo invito a cenar a alguien y no le doy ni las buenas noches.

Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco. Si a Simón, según las palabras del Señor, se le perdonó poco… ¿fue porque tuviera menos pecados? ¿Era Simón mejor que aquella meretriz?

No; desde luego. Si se le perdonó poco, fue porque nunca pidió perdón. Y no lo pidió, porque se tenía por justo. Hay pecados, como la lujuria, que son difíciles de disfrazar. El lujurioso se siente sucio, tiene asco de sí mismo. Pero la soberbia es sibilina: se viste de ángel de luz, y puede hacer que el soberbio se tenga a sí mismo por santo mientras va camino del infierno.

Oye… ¿no deberías llorar un poco más?

(TOP24J)