Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

7 septiembre, 2020 – Espiritualidad digital

Ese Dios tan confortable

«Padre, yo creo que voy a tener un purgatorio larguísimo. Porque a Dios lo amo muchísimo, pero a mi prójimo no lo amo nada, nada, nada». Así lo escucharon estos oídos que se ha de comer la tierra.

Ojalá todo quede en un largo purgatorio. Pero el sacerdote no puede evitar preguntarse si esa persona le está rezando al Dios verdadero. Sería terrible que, al ser llamada a su presencia, escuchase: «Tú yo no nos conocemos. Nunca me rezaste a mí. ¿A quién rezabas?».

El concepto de Dios que tenían los fariseos era muy parecido a ese ídolo. Estaban al acecho para ver si Jesús curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Su descanso sabático consistía en reposar en un Dios a quien el prójimo no le importaba lo más mínimo. También el burgués cruza la puerta del templo, y reza: «¡Qué bien estoy aquí contigo, Señor, y no con los pesados de mis familiares!».

Levántate y ponte ahí en medio. Jesús pone al enfermo en medio de todos, para que entendamos, de una vez por todas, que esa entrega a Dios a la que llamamos santidad pasa, necesariamente, por el prójimo. En sábado, en domingo, y en martes.

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