Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

8 agosto, 2020 – Espiritualidad digital

Tan parecidos, tan distintos

Hace tres días, Jesús ensalzaba la fe de una mujer cananea cuya hija estaba endemoniada. Hoy, ante un israelita cuyo hijo está poseído, y ante unos apóstoles atónitos, Jesús se queja: ¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros?

Hemos visto las similitudes entre los dos casos. ¿Cuáles son las diferencias que provocan esa reacción tan distinta del Señor?

Así pedía la mujer: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo (Mt 15, 22). Así pide este hombre: Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho. La mujer pide por ella, se interpone entre el Señor y su hija, como si le fuera la vida en lo que pide. El hombre se limita a poner a su hijo ante la mirada de Jesús, pero él queda fuera. Él sólo pide; ella intercede.

En cuanto a los apóstoles, ante la mujer suplicaron a Jesús: Atiéndela (Mt 15, 23). Ante el hombre, se quejan: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? Queda claro que, si uno no está muy seguro de poder mover montañas, es mejor pedirle al Señor que expulse los demonios que tratar de encararse directamente con el Maligno.

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