Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

agosto 2020 – Espiritualidad digital

Buena noticia, según para quién

De Jesús dijo el anciano Simeón que estaba puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten (Lc 2, 34). Sucedió entonces, y sigue sucediendo hoy: Cristo es buena noticia para muchos, y mala noticia para otros.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Quien así se presenta ante su pueblo se convierte en la mejor noticia para los pobres, los cautivos y los ciegos. Todos ellos encontrarán en Él su salvación, y se alegrarán con su visita.

Pero hay otros, de quienes está escrito: Porque dices: «Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada» (Ap 3, 17)Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie (Jn 8, 33)Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece (Jn 9, 40). Para todos éstos, Jesús fue la peor de las noticias, porque era quien les recordaba lo que no estaban dispuestos a admitir: Que tú eres desgraciado, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo (Ap 3, 17).

¡Qué difícil es predicar la buena noticia a una sociedad que se ha endiosado, sin sufrir martirio!

(TOP22L)

El pensamiento insustancial

Dice un salmo: Sabe el Señor que los pensamientos del hombre son insustanciales (Sal 94, 11). Cada vez que lo leo, siento unos enormes deseos de aplaudir.

¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios. Más duras son las palabras del Señor que las del salmo.

¿Cómo pensamos los hombres? Los hombres no sabemos sufrir, pensamos que es necesario huir a toda costa del dolor. ¿Te has quedado embarazada, y no lo deseabas? ¡No sufras, aborta! ¿Te causa dolor tu matrimonio? ¡No sufras, divórciate! ¿Te han desahuciado los médicos, y no podrás librarte del padecimiento hasta que mueras? ¡No sufras, pide que te maten ya! Si no queremos que sufran nuestros «seres queridos», muchas veces no es por ellos; es para no sufrir nosotros su dolor. Eso le sucedía a Pedro, cuando, tras anunciar Jesús su Pasión, increpó al Señor: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.

¿Cómo piensa Dios? Mira a la Cruz, y lo sabrás; es todo un discurso silencioso. Al dolor no se lo vence huyendo de él, sino dándose la vuelta, encarándolo, y abrazándolo hasta convertirlo en amor.

¿Cómo piensas tú?

(TOA22)

El odio al justo

Igual que el nacimiento de Juan fue anuncio del nacimiento del Mesías, también la muerte del Bautista fue profecía de la muerte de Cristo.

Lo fue, porque Juan resultó asesinado por odio. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo. Las imprecaciones de Miqueas, que la Iglesia recita junto a la Cruz el Viernes Santo, podrían haber sido proferidas por Juan ante Herodías: ¿Qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme (Miq 6, 3).

Esta reacción de rabia feroz y asesina ante el justo se despierta en el soberbio. Por eso, el origen del martirio del Bautista no está en Herodes, sino en Herodías. Herodes fue el ejecutor, pero el pecado de Herodes era la sensualidad. Si predicas a un borracho, a lo sumo te tirará una botella a la cabeza para que te calles. Pero si predicas a un soberbio, se encenderá por dentro con una rabia terrible, y es posible que te mate. Herodías era así. También lo eran Caifás y los fariseos. Su rabia fue terrible y asesina.

Si sois de Dios, si no tenéis miedo de proclamar la verdad, deberíais estar preparados para reacciones como esas. La verdad, para el soberbio, puede ser muy exasperante.

(2908)

Si no se hubieran dormido…

En la parábola de las diez vírgenes hay necias y prudentes, pero no hay vírgenes perfectas. Todas se durmieron, como los apóstoles en Getsemaní. Lo que distingue a las prudentes es que ellas contaron con su debilidad, previeron el posible retraso del esposo, y, por si acaso, llevaron alcuzas de aceite con las lámparas(«No vaya a ser que llegue tarde, y nos durmamos»).

Si no se hubieran dormido, todas hubieran entrado. Las prudentes, porque tenían aceite en reserva; y las necias, porque se hubieran dado cuenta a tiempo de que su aceite se acababa, y hubieran podido aprovechar el retraso para comprar más.

Por eso, lo ideal es no dormirse: Velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Velar no significa tener el pensamiento ocupado todo el día en discursos piadosos. Velar significa tener los ojos del alma abiertos a Dios: si trabajas, trabaja para Dios; si compras, que sea Él tu compañero; si comes, que sea para servirle; y, si descansas, que Él pueda complacerse en tu descanso.

Porque, cuando haces algo para ti, te duermes, se cierran a Dios los ojos de tu alma, y podría llegar el Señor sin que lo advirtieras. Ten cuidado. Vela.

(TOP21V)

No se aceptan propinas

propinaMe dices que amas a los demás, que no deseas otra cosa que su bien, que te desvives por ellos… Anda, no te engañes, ni quieras engañarme a mí. Es verdad que los quieres, y deseas su bien. Pero también buscas algo en ellos para ti. Quizá olvidaste quién eres.

¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. Eres un criado de Cristo (¿quién te ha criado, si no?). Y se te ha asignado una tarea: alimentar a quienes te rodean, dejarte comer por ellos. Si cumples tu tarea, recibirás una paga generosa y abundante, porque nadie paga como paga este Señor. Pero tú, tras servir los platos (que los sirves, te lo concedo), siempre te quedas esperando la propina. O, peor, te la cobras por tu cuenta. Robas.

Recuérdalo: no se aceptan propinas. En esta casa, no. Las que busques, te las descontarán de la paga, y saldrás perdiendo. Y las que robes se volverán en tu contra y perderás el trabajo.

No busques más paga que la que habrá de darte Dios.

(TOP21J)

Profeta muerto no tose

«Creo en Jesús, pero no creo en la Iglesia».

¿Cuántas veces lo has escuchado? A quien te lo dice deberías responderle con las palabras de ese Jesús en quien dice creer: ¡Edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»!

Un Jesús sin Iglesia es un Jesús muerto. Un Jesús muerto no tose ni molesta, como ya no molestaban aquellos profetas. Puedes ensalzarlo, decir maravillas de él, y, sobre todo, puedes hacerle decir lo que te venga en gana, porque no se quejará. Es «tu Jesús», el que tú has creado. Edifícale, por tanto, un mausoleo, ya que es obra tuya, y te ensalzas a ti mismo.

Pero la Iglesia, o, si lo quieres más concreto, el sacerdote, es el Cristo vivo que te dice a la cara lo que haces mal y te señala el camino. A ese Cristo hay que matarlo, porque molesta.

Colmad también vosotros la medida de vuestros padres. Mejor: colmemos nosotros la medida de nuestra Madre, y amemos a Cristo, vivo en el Cielo y en la Iglesia, con toda nuestra alma.

(TOP21X)

Lo más grave de la ley

El reproche de Jesús a los fariseos lleva incluido, también, un regalo para ellos y para nosotros. Nos anuncia el Señor, para que no lo perdamos de vista, qué es lo más grave de la ley, es decir, lo más sagrado y querido por Dios:

¡Descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad!

Tan graves y sagradas son esas tres luces del cielo, que quiso el Señor clavarlas en la Cruz, para que no dejásemos de contemplarlas.

En la Cruz se cumple la justicia, porque allí ofreció el sumo Sacerdote el sacrificio capaz de expiar todos los pecados cometidos por los hombres.

En la Cruz se derrama la misericordia, porque, en el manantial que brota del costado abierto del Salvador, bebe el pecador el Amor que lo limpia por dentro.

En la Cruz se cumple la fidelidad, porque Dios se muestra fiel a su promesa de no abandonar jamás a su pueblo.

Ahora te toca a ti. Abraza esas tres luces encendidas en el Madero. Haz penitencia, únete al sacrificio. Trata con misericordia a tu prójimo, pecador como tú. Y sé fiel hasta la muerte al Señor que te ha sido fiel a ti.

(TOP21M)