Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

agosto 2020 – Espiritualidad digital

Cuando Dios te pone en tu sitio

cananeaEn ocasiones, Jesús podía ser muy duro y distante, como se mostró con esta mujer cananea:

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.

Por dentro, el corazón del Señor se derretía. Pero, hacia fuera, Jesús adoptó esa actitud con una intención buena: la de poner a esa mujer en su sitio.

¿Cuál era su sitio? El mismo que el nuestro. No el de quien tiene derecho a exigirle a Dios sus favores, sino el del pecador que, por sus méritos, no merecería ni levantar los ojos al Cielo; y que sólo se atreve a pedir confiando en la infinita misericordia con que el Señor ama a los pecadores. La buena mujer supo ocupar ese lugar con una humildad admirable, y así recibió el favor de Jesús:

Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

En ocasiones, el Señor también quiere ponerte en tu sitio a ti: ante una humillación, un fracaso, una decepción… No te rebeles cuando ese momento llega. Imita a esta mujer, ocupa tu sitio, levanta al cielo los ojos con humildad, sé humilde, y recibirás el favor de Dios.

(TOP18X)

Si las palabras se vieran…

Las palabras se oyen. Sólo en los cómics las palabras se ven, como «bocadillos» que salen de la boca. Pero si, en la vida real, las palabras se vieran…

Veríamos rayos de luz brotar de la boca de los santos. Leéis esto, y pensáis en alabanzas al Creador o en predicaciones fervorosas; pero no sólo cuando el santo habla de Dios brotan luces de sus labios. Un santo te dice «buenos días», y se llena el aire de claridad. Te habla de su vida, te pregunta por la tuya, te invita a una cerveza, y cada palabra suya ilumina tu alma. ¿Por qué? Porque su pensamiento está en Dios, y cuanto dice sale de sus labios perfumado de cielo.

Veríamos, también, torrentes de lodo brotar de la boca de muchos. Quejas, críticas, murmuraciones, mentiras, frivolidades… Todo ese lodo contamina el aire, y mancha cuanto toca. ¿Nunca has sentido, después de escuchar a una persona, que te dejaba con «mal cuerpo»? Ojalá sólo haya sido eso. Reza mientras escuchas, para que no quedes con «mal alma».

¿Comprendes mejor ahora lo que dice el Señor: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca?

(TOP18MA)

Bendita obediencia

La intuición de Pedro cuando, sobrecogido al contemplar a Jesús caminando sobre las aguas, le pide: mándame ir a ti, es poderosísima.

Podría haber dicho: «llévame a ti», o «haz que yo también camine sobre las aguas». Pero Simón apela, directamente, a la autoridad divina de Cristo: Mándame ir a ti.

«Señor, yo no puedo caminar sobre las aguas. Pero si Tú, que eres Dios, me lo mandas, yo salgo de la barca ahora mismo y echo el pie al mar, con la confianza de que la obediencia obrará el milagro». Y así sucedió. Duró poco, porque el miedo del pecador pudo con la confianza del santo; pero así sucedió.

El milagro de la santidad lo obra la obediencia. Apréndelo. Lanzarte a hacer obras buenas por tu cuenta es soberbia. Las harás mal; y, aunque las hagas bien, de poco servirán para salvarte. Un ayuno que no te pide el confesor, o que no consultaste con él, es una forma inútil de pasar hambre.

Sin embargo, no temas obedecer al director espiritual, aunque te pida lo imposible. La obediencia lo hará posible. Recuerda que lo importante no es caminar sobre las aguas, sino hacer la voluntad de Dios en todo.

(TOP18LA)

Si te lo pide Dios…

que nada se desperdicieJamás pienses que, porque te resulte imposible una tarea, eso significa que Dios no te la pida. Yo que tú, pensaría exactamente lo contrario: si Dios te pide «eso», probablemente «eso» es imposible.

Mira a los apóstoles: apenas tienen cinco panes y dos peces, y Jesús, señalando a una multitud de más de cinco mil hombres, les dice: Dadles vosotros de comer.

¿Qué haces cuando Dios te pide lo imposible; cuando apenas puedes, con esfuerzo, ser bueno, y Dios te pide que seas santo; cuando en nada puedes arreglar la vida del hermano que sufre, y Dios te pide que lo redimas; cuando te tambaleas ante la tentación, y Dios te pide virtud heroica?

Lo primero que haces es sentirte nada. Y, después, tienes tres opciones:

1.– Te das la vuelta y te marchas, como el joven rico. No quieres seguir tratando con un Dios que te pide «eso».

2.– Te engañas a ti mismo, y te creas un ídolo, un Dios «a la carta» que no pida tanto, y que se conforme con pedir «posibles».

3.– Traédmelos. Le das el Señor tu nada, tus cinco panes, y te asombras, extasiado, de cómo Dios, con tu nada, redime la Tierra.

(TOA18)

Humillación y redención

odioEl diálogo que me dispongo a escribir, probablemente, nunca tuvo lugar. Espero que al bueno de Juan Bautista le ahorrasen esa humillación, y que se enterara de la verdad en el cielo, donde poco importa que lo humillen a uno los mortales. Pero, en todo caso, la muerte del Bautista fue especialmente humillante.

– Vengo a matarte.

– ¿Y eso? ¿Qué ha sucedido?

– Ha sucedido que uno se ha emborrachado, y que otra ha bailado medio desnuda. El borracho se ha quedado alucinado con el baile, y la madre de la bailarina ha pedido que te corte la cabeza. Por eso vengo a matarte.

¡Qué forma tan terrible de morir! Si tienen que matarte, al menos se agradecería cierta épica, y algunas dosis de estilo. Pero que te maten, en comandita, un borracho, una desvergonzada, y una harpía…

Y, sin embargo, la redención consiste en eso, y así nos redimió Cristo. Tomó lo más vergonzoso de nosotros, nuestros pecados, y se dejó herir, no por lo mejor, sino por lo peor de nuestra condición. Más humillante que la muerte del Bautista fue la del Señor, arrojado al estercolero del Gólgota.

Nunca temas que los demás te humillen. No hay nada más redentor.

(TOP17S)