Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

julio 2020 – Página 2 – Espiritualidad digital

El que pregunta aprende

Tengo una feligresa preguntona que me hace mucha gracia. Cada vez que la veo entrar en la sacristía, esgrimiendo los evangelios como si fueran una espada con la que va a pincharme las tripas, ya sé a lo que viene. «Una pregunta…», me dice. Y me lee esa frase del evangelio cuyo sentido se le escapa.

Hombre, si todos fuerais así, no nos dejaríais a los sacerdotes tranquilos. Pero, quizá, hubiera merecido la pena. También merecería la pena que los sacerdotes nos esforzáramos en explicaros la Escrituras. Es lo que trato yo de hacer en estas líneas.

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Si lees un texto del evangelio, y su sentido se te escapa hasta el punto de que no te dice nada, esa palabra no te aprovechará. No la dejes pasar, nunca des la lección por perdida. Primero, ante el sagrario, pregúntale al Señor, y escucha en lo profundo del corazón. Después, si es necesario, pregunta al sacerdote, para que sepas que esa explicación ha venido realmente de Dios y no de ti. Y, una vez entendida esa palabra, hazla tuya, saboréala. Así dará fruto.

(TOP16V)

Un sarmiento de la Cruz

Podríamos preguntarnos qué ve el santo cuando mira un crucifijo, para que de esa forma le enamore. Todo el misterio de la vida de santa Brígida se resuelve en la contemplación de la Cruz. De esa contemplación amorosa proceden el descubrimiento de su vocación, su amor a la Iglesia y al Papa, sus lágrimas, y sus encuentros íntimos con el Señor.

El necio mira un crucifijo y ve dolor. Tanto decir: «¡Qué cruz! ¡Qué cruz!»… En ocasiones, he querido predicar sobre la Pasión del Señor, y recibí, como respuesta: «¡Padre, deje eso para la Semana Santa!». Es decir: «Si hay que sufrir dos o tres días al año, suframos. Pero, el resto del año, háblenos de cosas bonitas».

El santo, sin embargo, cuando mira a la Cruz, ve un beso. No lo ve, lo recibe, porque Cristo crucificado es el beso de Dios para él. Ve un amor inmenso, una vida entregada, una mirada limpia llena de misericordia, un caudal de sangre y agua que llena de vida la tierra. El santo mira a un crucifijo y se enamora.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El santo, a fuerza de mirar, termina convertido en un sarmiento de la Cruz.

(2307)

Guía para corazones insatisfechos

Si los corazones insatisfechos se dejaran enseñar, María Magdalena les marcaría el camino al cumplimiento de todas sus ansias.

Dice la esposa del Cantar: Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. —«¿Habéis visto al amor de mi alma?» (Cant 3, 3). Y, recogiendo ese testigo, María Magdalena pregunta a quien creía jardinero: Dime dónde lo has puesto, y yo lo recogeré. Nada como preguntar a la persona adecuada: – María… – ¡Rabbuní!

Los corazones insatisfechos buscan redención en las criaturas, pero en ninguna encuentran descanso. Pensaste que te haría feliz aquel trabajo, y ahora lo aborreces. Creíste que tu pareja colmaría tu vida, y hace tres años que os separasteis. Buscaste redención en el dinero, y encontraste esclavitud. Vas de criatura en criatura, las tomas y las dejas. Parece que les preguntaras: «¿Has visto al amor de mi alma?». Y, como no responden, te marchas en busca de otro sueño…

No sigas buscando, que se te va la vida. Mira a María, ella te señalará el camino a Cristo. Y, cuando lo hayas encontrado, todas las demás criaturas te hablarán de Él. No sólo aprenderás a gozar de Dios; gozarás, también, de una Creación que grita su nombre.

(2207)

El negocio familiar

¿Por qué dice Jesús que el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre?

El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos es quien convierte la vida en sacrificio de obediencia. Es quien se deja guiar por Cristo pastor; quien escucha las llamadas divinas; quien pregunta al director espiritual por los designios de Dios sobre su vida. Hay diferencia entre quien desea ser santo haciendo la voluntad de Dios y quien le pide ayuda a Dios para seguir haciendo «su santa voluntad».

Quien vive obedeciendo es hermano, hermana y madre de Jesús porque hace lo que Jesús hizo, lleva sus genes, vive en su casa. La Redención, para los hijos de Dios, no deja de ser el «negocio familiar».

Por eso, si tu vida es tu negocio, y cuentas con la ayuda del Cielo para que ese negocio prospere, podrás convertirte en una persona que reza, en un «cliente» de Dios. Espero que, al menos, le pagues bien.

Pero en el negocio familiar sólo trabajan Papá, Mamá, el Hijo y los hermanos, animados por el Espíritu. Si obedeces, eres «de casa».

(TOP16M)

Ballenas, sepulturas, y ejercicios espirituales

Se compara Jesús con Jonás, y evoca una de las escenas más pintorescas de todo el Antiguo Testamento:

Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. También Pinocho estuvo dentro de una ballena. Pero a Pinocho aquella clausura no le hizo operación, y a Jonás le cambió la vida. Cuando salió de entre los humores del cetáceo, ya estaba dispuesto a encaminar sus pasos a Nínive. Nada como un fin de semana de ejercicios para cambiar el rumbo de la vida.

Nos gustan la publicidad y los aplausos. Tanto peor para nosotros. Al Señor, como a Jonás, le gusta lo escondido. Sepultado en tierra, germinó como el grano de trigo que ha llenado de hostias los sagrarios. Y, en los sagrarios, sigue sepultado; muchos pasan ante una iglesia y ni siquiera lo saludan. Sepultado está en lo profundo del alma, y desde allí convierte en templo el corazón del cristiano.

La fecundidad no consiste en desplegar las alas para ser vistos. La fecundidad consiste en sepultarse con Cristo en lo profundo del alma para llenar la tierra de Dios.

(TOP16L)

El burro y las moscas

Era yo niño, y vi un burro. No recuerdo dónde. Pero recuerdo que me hechizó: las moscas se posaban en su cabeza hasta casi cubrirla sin que él hiciera nada por espantarlas. Parecía que les diera alojamiento cariñosamente. Cuando eran tantas que ya le cubrían los ojos, pegaba un bufido, y todas salían volando. A los pocos segundos, estaban de nuevo allí. Y el burro… tan manso, tan acogedor.

He recordado al burro ante aquellos criados, impacientes al ver a la cizaña entre el trigo: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero el amo muestra la casta de mi borrico: Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Si una mosca se nos posa en la frente, la espantamos. Si nos duele algo, intentamos calmar el dolor. Si alguien nos molesta, nos apartamos de él. Nos impacientamos porque nos asedian las tentaciones. Nos irritamos porque hay guerras e injusticias…

No quiere Dios que amemos el mal; el mal es odioso. Pero, antes de que el mal sea erradicado… ¿No querrá Dios que aprendamos a vivir con paciencia en un mundo imperfecto? Y, antes de que corone nuestras luchas con la victoria, ¿no querrá que aprendamos a amarnos a nosotros mismos en nuestra imperfección?

(TOA16)

La batalla del ruido

Desde la mañana del Viernes Santo, quedó claro, para quien quiera entenderlo, que hay batallas que el cristiano debe dar por perdidas en este mundo. Y una de ellas es la de la opinión pública. La imagen de los habitantes de Jerusalén, instigados por los sumos sacerdotes, pidiendo a gritos la crucifixión del Mesías, es demoledora. El mal hace demasiado ruido, se mueve en el ruido como en su hábitat. En ese terreno, es invencible.

La batalla hay que darla. Pero no pensemos que la vamos a ganar. Porque el bien es silencioso, y gusta del silencio.

No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. Entended bien estas palabras: el profeta no dice que el justo no habla, sino que no grita. Y, como no grita, nadie lo escucha, porque otros gritan más fuerte.

Entonces… ¿para qué entablar batalla? Para que nos escuchen quienes aman el silencio; ellos acogerán el reino de Dios. Quienes aman el ruido y viven a golpe de encuesta no pueden acogerlo… a menos que se cansen del ruido, y decidan, al fin, callar y escuchar. Hasta entonces, querer gritar más que ellos sería profanar las perlas y echárselas a… bueno, ya sabéis.

(TOP15S)