Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

julio 2020 – Espiritualidad digital

Somos tu tierra y tu casa

Cuando escuchamos al Señor lamentarse entre sus vecinos, los nazarenos, de que sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta, sentimos unos enormes deseos de desagraviar. Y brota de nuestro corazón una oración amorosa y dolorida:

Que jamás tengas que decir de nosotros, ¡oh, Jesús!, que en tu tierra y tu casa te desprecian. Porque nosotros somos tu tierra y tu casa.

Que jamás nos acostumbremos a tu presencia entre nosotros. Que jamás dejemos de estremecernos ante la Eucaristía.

Que jamás comulguemos con rutina, cuando Tú vienes a nosotros abrasado en Amor.

Que jamás dejemos de poner pasión en nuestras genuflexiones. Que ardan el corazón y las rodillas cuando así te saludamos.

Que jamás te dejemos solo en el sagrario, porque nuestras «muchas ocupaciones» nos impidan venir a visitarte.

Que jamás dejes de sentirte muy amado en nuestros templos, y también en nuestras almas. Que seamos Betania para Ti, que encuentres descanso en nosotros.

Que jamás pase un día sin que te hayamos dicho mil veces que te amamos.

Que jamás despertemos del descanso nocturno sin ofrecerte el primer saludo, y jamás nos dejemos alcanzar por el sueño sin haber besado tu santa Cruz.

Así sea.

(TOP17V)

El único pez bueno

El pez, como símbolo eucarístico, es tan antiguo como la Iglesia. Incluso más. Ya en el libro de Tobías, el joven encuentra la medicina para sanar a su padre en las entrañas de un pez. Ese pez es Cristo, cuyas entrañas derramadas en la Cruz nos salvaron. Jesús, al pedirle a Simón que pagara el impuesto con la moneda oculta en las entrañas de un pez, avaló esa interpretación. Al multiplicar los peces junto a los panes, unió el pez a la Eucaristía. Los primeros cristianos llamaron a Cristo IXZUS, que significa, en griego, «pez», y que son iniciales de Iesus Xristos Zeus Uios Soteros (Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador). Por eso lo representaban como un pez.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Sólo hay un pez bueno, Cristo, encerrado en nuestra red. Quien lo come, en Él se transforma, y será depositado en el cesto de la Virgen para ser ofrecido en alimento a sus hermanos. No podemos comulgar sin volvernos Eucaristía.

(TOP17J)

La pantera arrodillada

Profeso a santa Marta una devoción sin límites. Es un espíritu indómito, capaz de enfrentarse al Hijo de Dios y forcejear con Él cuando sus vísceras se resisten a aceptar los designios divinos. Pero, bajo ese temperamento volcánico, hay un corazón rendido a Cristo. Y cuando ese corazón, como el de Tomás, se abre paso entre las vísceras, es capaz de actos de fe maravillosos.

Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Ved a la pantera arrodillada y convertida en mística. Y a la que zarandeaba al Señor, increpándole: «¡A buenas horas llegas!», confesando la unción del Mesías.

El que tenía que venir al mundo… «El mundo estaba incompleto sin Ti; la vida, sin Ti, no tiene sentido, le falta el centro. Tenías que venir para tomar sobre Ti el pecado del mundo, para abrir el camino hacia el cielo. Ahora has venido, y Tú haces el mundo habitable, Tú das sentido a la vida, Tú conviertes al mundo en morada de Dios»…

Y, apenas unos minutos después: «¡Señor, que mi hermano lleva cuatro días muerto, y ya apesta!». No lo puedo evitar: ¡Me encanta esta mujer!

(2907)

Trigo limpio

En ocasiones, cuando una persona nos inspira confianza, decimos de ella que es «trigo limpio». Y, como casi siempre, nos equivocamos.

La buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno. Como aquellos criados de la parábola, queremos separar trigo y cizaña sin estar preparados para ello. Cuántos idiotas, a lo largo de la Historia, han pasado por santos, y cuántos santos han pasado por idiotas. ¡Cuántos juicios estúpidos, que más nos valdría no haber formulado jamás!

Para empezar, porque el trigo sucio también es trigo. De hecho, en el campo, el trigo suele estar sucio. Son cosas que pasan cuando vives rodeado de tierra y de polvo.

Sólo Dios conoce quién es trigo y quién es cizaña, porque sólo Él lee los corazones. Es allí, en el corazón, donde una persona pertenece al reino de los cielos o al Príncipe de este mundo. No todo es lo que parece.

Si quieres ser trigo de Dios –limpio o sucio–, purifica el corazón con la humildad y la oración. Y rézale mucho a la Purísima, el trigo más limpio que jamás pisó la tierra, para que ella limpie tu pensamiento, tus palabras y tus acciones.

(TOP17M)

Gente estructurada

Hay quienes reservan, para el reino de los cielos, una capilla en la estructura de su vida. Les reconoceremos que son gente «estructurada», capaces de parcelar cuanto encuentran. Y les reconoceremos también, en muchos casos, que esa capilla es lujosa. Cuando se disponen a rezar, se recogen allí, y se aíslan del resto de su vida. Rezan con devoción. Pero, cuando terminan, salen de la capilla, la cierran con llave, y van al comedor o al despacho, donde rigen normas distintas. Rezan como beatos, comen como bestias, y trabajan como tramposos. Del dormitorio, por pudor, no hablo.

El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. Nada tiene que ver la vida estructurada del burgués con la levadura que fermenta la masa. Porque la levadura no va encapsulada. Se expande, y hace fermentar la masa entera. No queda un gramo de masa al que la levadura no haya dado forma.

A ver si lo aprendes, «hombre estructurado». A Dios no se lo encierra en capillas. Dios es un metomentodo. Quiere apropiarse de tu comedor, de tu oficina, de tu bolsillo… Ah, y de tu dormitorio también.

(TOP17L)

Lleno de alegría

El evangelio de hoy, en tres palabras: lleno de alegría.

Pongámoslas en su contexto: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. Mientras el hombre vende sus posesiones, no lo imaginas llorando. Lo imaginas con prisa y con gozo, deseando deshacerse de todo aquello para poder comprar el campo y recoger el tesoro. Aun no lo tiene, pero ya disfruta mientras piensa en la dicha que se avecina. ¿Sabes cómo se llama eso? Esperanza.

Para alcanzar el tesoro del Cielo, hay que renunciar a todo en esta vida. Algunos sueñan con alcanzarlo sin renuncias, aderezando con devociones una vida burguesa; pero ésos no llegarán. Otros renuncian con tristeza; cuando su fe les pide un sacrificio, lo hacen de mala gana, lamentando su suerte. Esos quizá alcancen la vida eterna, pero habrán perdido la felicidad de la vida temporal.

El santo es una fiesta «con patas». Renuncia a todo, y sonríe, porque ya pregusta en la Tierra el tesoro del Cielo. ¿Sabes cómo se llama eso? Esperanza. La luz de la vida.

(TOA17)

Patriotismo

Celebramos hoy a Santiago, patrono de España, y es un buen día para que nos examinemos de patriotismo.

El patriotismo es virtud, porque es amor; amor a la patria. Pero el amor, para que sea virtud, debe estar purificado.

«España está fatal. Nuestros políticos la están paganizando. Son corruptos y egoístas, van a lo suyo. Quieren eliminar cualquier atisbo de religión, y promueven doctrinas perversas que corrompen a los ciudadanos». Este discurso lo proclaman muchos cristianos. Se sitúan a sí mismos por encima de los demás, se erigen en jueces, y, finalmente, acaban llenos de ira. España está un poco peor después de oírlos.

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Te propongo otro patriotismo, y otro discurso: «España está peor por mis pecados. Si yo fuera santo, y hablase de Cristo, el ambiente a mi alrededor se transformaría, y más personas amarían al Señor. Ellas, a su vez, lo anunciarían a otros, y, pasado un tiempo, tendríamos una España cristiana, con líderes cristianos. España estará mejor si yo me hago el último y le doy a España lo que España necesita: un santo».

(2507)