Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

julio 2020 – Espiritualidad digital

La conversión de una persona religiosa

Para entender el alcance de las palabras con que Jesús llora sobre Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, es preciso saber que aquellas ciudades no eran, precisamente, Sodoma y Gomorra. En Sodoma y Gomorra no rezaba nadie. En Cafarnaúm, los judíos rezaban siete veces al día, pagaban el diezmo y ofrecían sacrificios en el templo.

Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

Lo terrible de estas palabras es que el Señor reprocha, a personas religiosas, que no se han convertido. Todos entendemos en qué consiste la conversión de un ateo. Pero… ¿en qué consiste la conversión de una persona religiosa?

Trataré de decírtelo en pocas palabras y, si aun me queda espacio, te lo explico. La conversión de una persona religiosa consiste en pasar del «Dios para mí» al «yo para Dios».

Me queda espacio. Uno puede rezar para poner a Dios al servicio de su propia voluntad: «¡Arréglame la vida, Señor!». Y uno puede rezar como santa Teresa: «Vuestra soy, para Vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?». Pasar, de una oración, a la otra, es la conversión de una persona religiosa.

(TOP15M)

¡Cuánta guerra bendita!

¡Menos mal que lo avisas, Señor! Porque todavía hay quienes sueñan con seguirte, y llevar una vida tranquila.

No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. Es llegar tú, y empezar la guerra. A los cuarenta días de nacer, Simeón ya anunció que serías bandera discutida. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre… Y no tenías dos años cuando Herodes entra en guerra con madres e hijos para matarte. Guerrearon contra ti fariseos, sumos sacerdotes, escribas… Te fuiste al Cielo, y guerrearon contra los tuyos, a quienes llevaron al martirio. No es, precisamente, una vida tranquila la que has llevado, ni la que nos has dado.

Y, por si fuera poco… Los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. En mi propia casa, en mi vida, combaten la carne y el espíritu, en combate a muerte que no cesa.

Y, con todo y con eso… ¿sabes lo que te digo? Que no cambio esa guerra por nada del mundo. Porque la paz que dejas en lo profundo del alma convierte la guerra en lance de Amor. ¡Qué delicia!

(TOP15L)

El esfuerzo no crea el árbol

Muchos recordamos aquel libro que se hizo popular en los años setenta del siglo pasado: «El inglés sin esfuerzo», de Assimil. Miles de españoles se lanzaron, entonces, a la tarea de aprender inglés, soñando con que entraría solo, como por arte de magia… pero, sin esfuerzo, no entraba. Había que estudiar. Menudo chasco.

Tampoco existe la santidad sin esfuerzo. El propio Señor dijo: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha (Lc 13, 24). Pero, en el caso de la santidad, el esfuerzo no basta. Quienes entiendan la santidad como el fruto de un «esfuerzo moral» fracasarán en el intento. Con esfuerzo, podemos ser buenos. Para ser santos, es preciso algo más.

Salió el sembrador a sembrar… La siembra y el cuidado de la semilla requieren esfuerzo. Pero, sin semilla, no hay árbol. El germen del árbol está, todo él, contenido en esa pequeña semilla que se rodea de cuidados y sudores.

Recuérdalo bien: no serás santo, por mucho que te esfuerces en mejorar, sin la Palabra de Dios y los sacramentos. Ellos son los que siembran en tu alma la semilla. Escucha la Palabra, confiesa y comulga con frecuencia. Y, después… esfuérzate por mejorar. Verás como todo es más fácil.

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La mejor prueba de que Dios existe

Me decía un hombre feliz: «Aunque Dios no existiera, habría merecido la pena creer. Se vive mucho mejor creyendo en Dios». Me dio lástima esa primera parte, como si la religión pudiera ser una mentira que nos decimos a nosotros mismos para encontrar consuelo.

La mentira nunca hizo feliz a nadie. Si Dios no existiera, la fe te haría desgraciado. Porque esa alegría que experimentas al orar, ese gozo con que saboreas los bienes del Espíritu, viene de Dios, no es de este mundo. Tu propia felicidad es la prueba viva, para ti, de que Dios existe, te escucha y te responde. Dale gracias.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Es cierto: se vive mejor con Dios. Se sufre mejor con Dios. El cariño de los seres queridos, los placeres santos de esta vida… se gozan mejor con Dios. Y se muere mejor con Dios. Porque Dios lo llena todo de Amor. Si no existiera, y siguiéramos rezando, todo sabría a mentira. Seríamos los más desgraciados de todos los hombres.

Pero somos lo más dichosos. Porque Dios existe y nos ama.

(1107)

Porque no les da la gana*

¡Cómo te gustaría hablar de Dios, y que las almas se rindieran al escuchar tus palabras! ¡Cómo te gustaría señalar el camino hacia el Cielo, y que los hombres se pusieran en marcha, como una procesión al Paraíso! Lo ves todo tan claro, que no te explicas por qué el apostolado no es tan sencillo como explicar un manual de instrucciones: la gente lo lee, lo entiende, y lo pone en práctica.

Despierta. Si todo fuera tan fácil, Jesús no habría muerto en una cruz.

Os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa… Seréis odiados por todos a causa de mi nombre.

En cierta ocasión, le expliqué a un amigo el camino del Cielo con tal claridad, que mis palabras me parecieron tan imbatibles como una fórmula matemática resuelta en una pizarra. No cabía –pensaba yo– apelación alguna; mi amigo, necesariamente, tendría que rendirse ante semejante evidencia. Pero mi amigo me miró con aire de condescendencia, y me dijo: «Fernando, tienes toda la razón. Pero no me da la gana». Punto.

Las palabras dan luz a quien busca a Dios. A quienes huyen de Él sólo se los redime con la Cruz.

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* Dedicado a Nicolás, en agradecimiento y en respuesta a sus amables palabras

Sin esperar nada a cambio

Vivimos de espera, y la espera nos mata.

Cuando amamos a alguien, siempre esperamos respuesta. Ya que le tratamos con cariño, esperamos que nos trate bien, que nos consuele cuando lo necesitamos, que preste atención a nuestros dolores… Y entonces descubrimos que el prójimo no está a la altura de nuestras expectativas. Y nos sentimos defraudados.

Culpa nuestra. ¿Por qué esperamos de los hombres –que son tan pobrecitos como nosotros– lo que sólo de Dios podemos recibir?

Gratis habéis recibido, dad gratis. ¿Acaso Dios ha esperado a que estemos a la altura para amarnos? ¿No nos trata con cariño, incluso cuando lo ofendemos? ¿No nos abre los brazos siempre que volvemos a Él? ¿No está pendiente de nosotros cuando nosotros nos olvidamos de Él?

Si tanto amor recibimos a cambio de nada… ¿Por qué no amamos así al prójimo?

Si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. El amor que damos a los demás siempre vuelve a nosotros. Aunque, en ocasiones, vuelva en forma de Cruz. ¿No la abrazaremos, como ha abrazado Cristo nuestros desprecios para redimirnos?

Creo, de verdad, que, si amásemos así, redimiríamos la tierra.

(TOP14J)

El reino de los cielos

¿Qué es el reino de los cielos?

El reino de los cielos es ese reino que está en los cielos, donde reina Dios, y donde los ángeles y santos se alegran en la contemplación de su gloria. Es el hogar al que anhelamos llegar, terminada nuestra peregrinación, y en el que encontraremos descanso.

Pero, desde que el Verbo se hizo carne, el reino de los cielos se derrama sobre la tierra a través del costado de Cristo, y lo va inundando todo en la vida de las almas llenas de Dios.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Nosotros vamos a él, pero él viene a nosotros. El reino de los cielos son los miles de hombres y mujeres que, en la tierra, no viven según la carne, porque sólo obedecen a Dios, su rey. Viven en este mundo como se vive en el otro, y abren horizontes eternos ante las miradas de sus semejantes. Aman como ama Dios, perdonan como Dios perdona, piensan con la mente de Cristo, se alegran con la alegría de los santos…

Ojalá, señalándote a ti, puedan decir los hombres que ha llegado a la tierra el reino de los cielos.

(TOP14X)