Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 junio, 2020 – Espiritualidad digital

El asombro de todo un Dios

Quien todo lo sabe, ¿puede admirarse de algo? Quien ha creado a cada hombre, y a cada hombre sondea hasta lo más profundo de las entrañas, ¿puede sentir admiración, como si descubriera en una persona algo que no esperaba encontrar?

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe». En su divinidad, Jesús conoce el interior de cada hombre. Pero Cristo nunca hizo trampas a su favor con su divinidad. Fue creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 52). Y así, como hombre, hizo descubrimientos que lo llenaron de admiración.

Admiró a aquel pagano lleno de fe y sentido común. Si a él, un centurión, le obedecían sus soldados, ¿cómo no iba la Creación a obedecer a su Dueño? Este hombre, sin que nadie le advirtiese, había intuido la divinidad de Cristo. Y, sin él saberlo, anticipó el diálogo que Jesús tendría con Pilato antes de su crucifixión:No tendrías ningún poder sobre mí, si no se te hubiera dado de lo alto (Jn 19, 11).

¡Bendita fe del centurión! ¡Bendita humanidad de Cristo! ¡Y dichosos nosotros, si creemos!

(TOP12S)