Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

15 junio, 2020 – Espiritualidad digital

Perdiendo al frontón

La ira nos hace semejantes a un frontón. Cuando el frontón recibe el golpe de la pelota, la devuelve a quien la lanzó. Del mismo modo, la ira hace que devolvamos las ofensas recibidas a quien nos agredió. Pero, a diferencia del frontón, que siempre devuelve la pelota con menos fuerza que la que traía, la ira tiene un efecto multiplicador, y nos hace devolver el golpe corregido y aumentado. Es el consabido: «¡Y tú más!». La Ley antigua trataba de corregir ese exceso: Ojo por ojo, diente por diente.

Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. La mansedumbre, en cambio, nos hace semejantes a un colchón. El colchón mullido, en lugar de devolver el golpe, parece abrazarlo y recogerlo. Así el manso, cuando es ofendido, acoge la ofensa y convierte la violencia en paz. Mira al Crucifijo y lo entenderás.

No creas a quien te dice, después de devolver una ofensa: «¡Qué a gusto me he quedado!». Nadie se queda a gusto cuando ejerce violencia; el corazón siempre queda turbado. Sin embargo, el manso sufre la ofensa igual que el violento; pero, al no devolverla, conserva la paz. No sólo se santifica; además, sale ganando.

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